Punta: diamantes, protector y ojotas

* Enjoyadas de pies a cabeza, las mujeres que por temor a la inseguridad deciden ocultar alhajas en la Argentina, se desquitan sacando sus lujosos brillos al sol en Punta del Este.*
* Cálculos moderados indican que quienes pertenecen a este “golden group” tendrían “puestos” entre US$ 7.000 y 25.000 por cabeza.
* Armadas para la guerra del oro, desafìan críticas y envidias.

“Aprovecho para ponerme todo lo que no puedo usar en Buenos Aires” … parece ser la consigna de un extendido grupo de mujeres que, ajenas al revival playero de la moda neohippie-oriental, deciden tirarse el alhajero encima apenas ponen  el pie sobre las arenas uruguayas.


No les importan las ridículas marcas que quedan en el cuerpo al término del día radiante.


No les importa que muchos opinen que el oro y las piedras preciosas poco tienen que ver con el despojado espíritu playero que solo admite un escueto traje de baño y tal vez una tobillera.


No les importa ser las ridículas de la playa.


Lo que les importa es lucir compulsivamente aquello que tienen tan guardado de la vista de los demás, ese tesoro que, si no es visto por terceros, pierde su razón de ser.



Presuntamente liberadas de temibles asaltos (aunque el reciente robo millonario en la casa del abogado Alfredo Fiorito es prueba de que Punta del Este no es inmune a la inseguridad) las “chicas” de más de 35 se cuelgan “todo” antes de cargar la heladerita.

Destellos mediante, cualquiera que circule por las playas de la Brava o la Mansa, podrá apreciarlas desde lejos, haciendo un interesante despliegue de habilidades cuando intentan esparcir el protector solar entre cadenas, cadenitas y medallones cuya sombra repercutirá de manera azarosa sobre el tostado cuerpo de sus dueñas.


La onda es exhibir lo que en nuestro país es inmostrable,  ya sea por temor a los robos o por un cierto pudor que, en Punta del Este, se trasforma en exhibicionismo de alta gama.

Quienes juegan el juego de las joyas, tienen en claro que hay que ganar la apuesta, tener más y más caro que el de la sombrilla de al lado. Así, como quien no quiere la cosa, evalúan y comparan desde la reposera o en sus largas caminatas los dólares que la contrincante tiene encima. Los ojos se transforman en poderosos scanners que todo lo evalúan, que todo lo cotizan.

Claro que armar el “golden kit” no es para cualquier billetera. Joyeros que suelen deambular por Punta del Este escrutando posibles clientas reportan valores no aptos para todo público:

* Anillos: oscilan entre US$ 1.500 (el más baratón, para el dedo meñique) y varios miles de dólares según el kilate de la piedra en cuestión.
* Collares / gargantillas de oro: imposible conseguir una por menos de US$ 1.000. Una más o menos larguita sale US$ 1.500 y hay que agregar otros 500 para sumar un símbolo religioso.
* Relojes: los que son “aptos Punta” no bajan de US$ 3.000; pero, si de lucir y ostentar se trata, hay que jugarse por alguno de US$ 15.000 o US$ 20.000.
* Aros: quienes quieran colgarse unas argollitas de oro o algunos aritos de brillantes tendrán que ponerse con no menos de US$ 1.500 (que, como siempre, pueden ser más…)

Si bien es un lujo más bien femenino, hay varios hombres que, a tono con sus mujeres, aprovechan la playa para mostrar las cadenas y pulseras que ocultan bajo las camisas en Buenos Aires y para lucir relojes que esperan hagan reventar de envidia a sus ocasionales compañeros de caminata o de tejo.

Ostentadores compulsivos,  los enjoyados de Punta del Este son una atracción más del verano. Quedará para marzo darse una vuelta por la playa con un detector de metales y chequear si quedó algún botín perdido.

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