¿Punto de inflexión en la política sudamericana?

*El significado regional de las derrotas que acaba de sufrir el kirchnerismo en las urnas.

Las derrotas que sufrió el kirchnerismo en Buenos Aires y en Tierra del Fuego, podrían ser parte de una constelación de signos que señalan un punto de inflexión en el rumbo político de América latina.


 


A ese rumbo, en los últimos años, no lo caracterizó un giro monolítico hacia la izquierda, como muchos ideólogos y dirigentes se empeñan en señalar; sino una constatación del fracaso de las dirigencias centristas y centroderechistas, expresada en las urnas con una variedad de formas que decantó en dos corrientes auto identificadas bajo el concepto “progresista”.


 


Una es la corriente liberal progresista, iniciada por socialistas y democristianos de Chile, y continuada por el brasileño Lula da Silva, el uruguayo Tabaré Vázquez y el peruano Alan García.


La otra es la corriente nacional-populista, con su mayor exponente en  Hugo Chávez y con dos fieles discípulos en el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa.


 


En un punto equidistante se situó Néstor Kirchner; tomando de los primeros el pragmatismo económico (aunque con un matiz más estatista y regulador), y del segundo un discurso fuertemente ideologizado que divide la realidad en buenos y malos, recurriendo a la confrontación permanente como medio exclusivo de construcción de poder.


 


Las victorias opositoras, que se suman a las derrotas de Kirchner en Misiones y en Neuquén, marcan un punto de inflexión, pero no porque haya nacido el liderazgo capaz de aglutinar la oposición y derrotar al oficialismo en las próximas elecciones presidenciales, sino porque señalan la declinación del discurso ideologizado y confrontacionista.


 


Ese discurso había manejado con extraña impunidad un recurso artero: la manipulación de la memoria histórica para que Kirchner ostente un pasado heroico, mientras que sus adversarios aparezcan como colaboracionistas, o bien de la dictadura militar o bien de la frívola corrupción menemista.


 


Tanto éxito fácil había tenido tergiversar el pasado, que el método se trasladó a la actualidad, por ejemplo adulterando el INDEX para tergiversar la inflación, o manipulando datos para negar los problemas energéticos.


 


Pero esa forma de hacer política puede haber llegado a su final el domingo, porque está claro que ya no tiene el efecto que tuvo en el pasado reciente.


 


También a escala regional parece verse un punto de inflexión, ya que  la estrella de Hugo Chávez por momentos parece opacarse en el firmamento político. La señal más contundente en la propia Venezuela, fue la inesperada reacción descomunal que produjo el cierre del canal opositor Radio Caracas Televisión (RCTV).


 


La magnitud del rechazo, expresado en masivas protestas y en  contundentes encuestas, tomó por sorpresa al exuberante líder caribeño y también impactó negativamente en otros presidentes del área, donde el más dañado fue Lula, y no porque sus políticas se parezcan a las de su par venezolano.


 


Ocurre que el presidente brasileño tiene por costumbre no confrontar con Chávez, de quien teme sus feroces descalificaciones ideológicas. Por eso esbozó una justificación del cierre de RCTV, accediendo a un pedido que le hizo el propio hombre fuerte de Caracas. Y a renglón seguido estalló una ola de críticas que lo dejaron mal parado en el escenario político del Brasil.


 


Otras señales, aunque tímidas, de que el progresismo sudamericano estaría girando hacia el modelo chileno y alejándose del venezolano, se ven en los gestos de moderación que, en los últimos meses, han comenzado a emitir los dos discípulos más fervientes de Chávez: Evo Morales y Rafael Correa.


 


La sorpresiva autocrítica pública que hizo el fundador del movimiento uruguayo Tupamaros y actual ministro de Agricultura Ganadería y Pesca, José Mujica, diciendo que está “profundamente arrepentido de haber tomado las armas” y, de ese modo, colaborado a que se instale en Uruguay una dictadura militar, también parece un signo de ese probable punto de inflexión.


 


Es cierto que el gobierno del Frente Amplio, desde un comienzo, se mostró en los hechos más cercano al liberal progresismo que al nacional populismo; pero la autocrítica voluntaria del hombre que lideró a los tupamaros, lo que buscó fue contrastar con los setentistas del gobierno argentino, que jamás esbozaron la más mínima autocrítica y que, al contrario, se auto idolatran como “juventud heroica”.


Paralelamente, Tabaré Vázquez ha ido aislándose de manera cada vez más notoria; mientras que el MERCOSUR parece estar disminuyendo la velocidad del ingreso de Venezuela.


 


Con este marco regional, la doble derrota que sufrió el kirchnerismo y el posible giro que ésta implicaría en su discurso, no parece un hecho aislado.

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