Puro humo: las grandes mentiras de la gastronomía argentina

Las medialunas de Atalaya, la pizza de Güerrín, el alfajor Capitán del Espacio, ilusiones de manjares sin entidad.

Grabados en el inconsciente colectivo, la mayoría de los argentinos coincide en señalar algunos productos o establecimientos como los mejores en su rubro, sin discusión. Ahora, ¿son tan buenos como los recordamos o la memoria emotiva nos juega una mala pasada?


 


Alfajor Capitán del Espacio


Es rico, pero la cobertura es de baño de repostería y el dulce de leche no es tan abundante como a los fans les gusta creer. A esta altura ya no le queda ni la mística: se consiguen hasta en el kiosco menos surtido. Encima, algunos lo cobran hasta 5 pesos.


 


Milanesas de La Farola


Puede que tengan 40 centímetros de largo, pero no siempre son ricas ni tienen carne de buena calidad. Si vas a La Farola a comer milanesa, no te sorprendas si están aceitosas y llenas de nervios: es una lotería en la que casi siempre se pierde.


 


Panchos de Pancho 46


El pan es muy rico. ¿Las salchichas? Muy parecidas a las de supermercado. Que nos perdonen Maradona, Tinelli, Sandro y los demás famosos que aparecen en las fotos amarilleadas por el sol, pero a Pancho 46 se va por la experiencia y no por el pancho.


 


Medialunas de Atalaya


Este parador de Chascomús, en verano, llega a vender 2.000 medialunas por día. ¿Por qué? Porque está sobre la ruta que va a Mar del Plata. Pero las medialunas están bastante llenas de aire y ya ni siquiera venden de grasa. Mejor, aguantate hasta La Boston.


 


Pizza de Güerrín


Es hora de decirlo: la pizza de Güerrín no es tan espectacular. ¿Rica? Seguro. Igual que decenas de pizzerías. La atención es pésima y el ambiente tan ruidoso que se hace difícil tener una conversación. Además, con demasiada frecuencia la masa sale medio cruda.


 


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