Qué significa el triunfo fundamentalista en Turquía
*El partido del primer ministro Recepp Tayyip Erdogán, integrista moderado, aplastó a los partidos laicos en las elecciones legislativas.
*¿Se convertirá el estado turco en una teocracia? ¿O por el contrario, el fundamentalismo moderado detendrá el avance de los ultrareligiosos?
Las urnas dieron en Turquía un contundente triunfo a los fundamentalistas moderados del Partido de la Justicia y el Desarrollo. ¿Significa eso que los turcos avanzan hacia un modelo teocrático como el iraní? ¿Intentará el gobierno de Recepp Tayyip Erdogán, fortalecido por el resultado electoral, reemplazar el Estado secular por un régimen religioso?
Sobre esos peligros alertan desde hace tiempo las cúpulas militares y un sector del empresariado. Dicen que el primer ministro Erdogán y su partido tienen un plan oculto para impulsar un proceso que desemboque en el reemplazo de las leyes civiles por la sharía (ley coránica).
Por eso se desató la reciente crisis, cuando el primer ministro postuló a su canciller y número dos del oficialismo, Abdulláh Gül, para ocupar la presidencia de Turquía, un cargo simbólico pero profundamente significativo.
Precisamente, por esa crisis política fue que se adelantaron los comicios legislativos en los cuales los fundamentalistas moderados alcanzaron el 48 por ciento, más del doble que lo obtenido por el Partido Republicano del Pueblo, liderado por Deniz Baykal y heredero, junto al Partido Acción Nacionalista (que sacó el 14%) del ideario del fundador de la república y de
La verdad es que el dato preocupante no es la victoria del Partido de
El partido del primer ministro ha obtenido un triunfo justo que, al revés de los temores que intentan generar sus detractores, implica un freno al asenso de las fuerzas ultra religiosas dispuestas a convertir el estado turco en una teocracia.
Recepp Tayyip Erdogán, nacido en las costas del Mar Negro pero criado en las barriadas populares de Estambul, tuvo que estudiar en un “imam hatip” (seminario coránico), pero por ser pobre y no por querer egresar de imán o de ulema.
Por eso en la universidad se recibió de economista y se incorporó al Partido del Orden Nacional, que lideraba el integrista Necmetin Erbacán.
Pero Erdogán buscó siempre las posiciones más moderadas, por eso se alejó de Erbacan cuando éste fundó el Saadet (Partido de la Felicidad), una fuerza ultrareligiosa y fascistoide; mientras que él se sumó a la dirigencia del Refah (Partido del Bienestar).
Desde esa fuerza islamista moderada se convirtió en alcalde de Estambul y en ella militó hasta que lo encarcelaron bajo acusación de incitar al odio religioso, por haber leído en un acto público un antiguo poema otomano.
Erdogán llegó al poder porque los gobiernos de los partidos laicos y republicanos fueron ineptos, corruptos y autoritarios.
Y volvió a ganar las elecciones porque la economía turca ha crecido, desde que comenzó el gobierno en el 2002, a un promedio de siete por ciento.
Como gobernante, el partido de los fundamentalistas moderados ha mantenido las reglas seculares creadas por Atatürk y sostuvo la política europeísta iniciada hace dos décadas, además de mantener a Turquía dentro de la OTAN, aunque en la última guerra en Irak evitó mediante artilugios legislativos que el territorio turco sea utilizado para la invasión de las potencias occidentales.
En los hechos, el Partido de la Justicia y el Desarrollo no parece merecer las calificaciones de extremismo disimulado que formulan los altos mandos del ejército, la institución a la que la constitución otorga el rol de “custodio de la república laica”, en nombre de la cual ha dado tres golpes de Estado desde la década del sesenta.
Por lo actuado en el gobierno, el partido de los integristas moderados todavía puede realmente responder a la idea que describen Erdogán y Gül: el modelo es el conservadurismo democrático que encarnan los democristianos alemanes, quienes tuvieron líderes como Konrad Adenauer, Kürt Kiesinger, Helmut Kohl y Angela Merkel.
Abdenur Prado, presidente de la Junta Islámica Catalana y lúcido intelectual, en su libro “El Islam en democracia” defiende el fundamentalismo moderado turco, afirmando que “no quiere crear un Estado islámico, sino avanzar desde un laicismo excluyente de lo religioso a un laicismo más inclusivo de los valores de la religión”.
Y el juicio de este dirigente musulmán español, que critica el modelo identitario basado en la religión a la vez que defiende la libertad de conciencia, el pensamiento crítico y las leyes basadas en valores universales, es mucho más creíble que el de las corruptas y autoritarias elites republicanas de Turquía, cuyos malos gobiernos alimentaron las dirigencias ultraislamistas, como la que integra Necmetin Erbacán.
Partidos como el de Reccep Tayyip Erdogán y Abdullah Gül constituyen el freno a esos lunáticos extremismos religiosos, y no la islamización del Estado turco.
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