¿Reality shows contra el desempleo?

*A diferencia de “Gran Hermano”, donde los participantes compiten por dinero y fama, la nueva tendencia son los ciclos que premian a la gente común con un empleo o la financiación de un emprendimiento.
*¿Nace una bolsa de trabajo fashion?


  •  El magnate Donald Trump dio el puntapié inicial cuando se puso a conducir “El aprendiz”, un reality show donde los jugadores compiten para conseguir un empleo en su emporio, dotado con un  sueldo suculento. Lo que en su momento fue una idea innovadora del exitoso productor norteamericano Mark Burnett ahora se ha convertido en una tendencia. Cada vez son más los ciclos en los que la TV funciona como una bolsa de trabajo fashion. Veamos algunos de los ejemplos más recientes:

    “Escribo para Rolling Stone” es un reality show de MTV en el que jóvenes periodistas son entrenados en el oficio por los editores de la prestigiosa revista internacional.  El ganador obtiene un contrato de trabajo por un año en dicha publicación.


  • También con Mark Burnett se asoció Steven Spielberg para la realización de “On the lot”, el reality en el que se enfrentan 16 cineastas desconocidos a fin de conseguir un contrato con DreamWorks _el estudio cinematográfico del que Spielberg es uno de los dueños y socio fundador_, para desarrollar varios proyectos. De los 12.000 postulantes, fueron seleccionados 50 y al cabo de la primera etapa, quedaron los 18 finalistas. Los participantes  del ciclo que emite la señal People + Arts deben exponer sus historias, rodarlas y montar un cortometraje en 24 horas. Los cortos son sometido al juicio de un jurado de notables,  pero al final el público es quien decide a través del voto quién firmará el codiciado contrato de desarrollo con DreamWorks por un valor de un millón de dólares.  


  • “American Inventor” es el reality de Sony donde desfilan postulantes de todo pelaje, cada quien con un invento propio y el deseo de someterlo a concurso. Una vez terminado el casting, a cada uno de los elegidos se le entrega la suma de 50.000 dólares para que desarrolle su idea. El voto del público elimina cada semana a un inventor. Al final, el ganador obtiene un millón de dólares y la posibilidad de producir y comercializar en masa el producto de su invención.


  • El canal norteamericano TV Guide  generó otro reality en el mismo sentido: “America´s next producer”, una especie de “American Idol” en el que en vez de buscar cantantes se buscan productores de televisión. Al cabo de diversas fases de eliminación, el participante que haya propuesto la mejor idea para un programa de TV de cualquier género, obtiene un contrato con el canal y un premio en efectivo.

¿Habrán quedado atrás los tiempos en los que el periodismo se aprendía en las redacciones y los contratos para producir una película o un programa de TV eran negociados en oficinas ajenas a las luces del show?

Hasta ahora, las bondades de un guión cinematográfico y el talento de alguien para filmarlo eran cuestiones libradas al criterio de los productores que, eventualmente, invertirían su dinero en el proyecto. A juzgar por lo está proponiendo la TV a nivel mundial, ahora la voz cantante la lleva el público, aunque la mayoría de los espectadores jamás hayamos filmado ni el casamiento de nuestro primo hermano.

Los inventores solían ser gente reconcentrada, más o menos geniales, más o menos excéntricos, más o menos realistas. Pero nunca estrellas. Ahora, además de buenas ideas los inventores deben tener carisma televisivo para convencer a los productores de los reality shows y a los jurados _también ellos personajes de alto impacto en la pantalla_ acerca las bondades de sus ideas y la necesidad de desarrollarlas a nivel industrial.

Me pregunto si llegará el día en el que los médicos dejen de gastarse el pellejo en las residencias y las concurrencias de los hospitales para pasar a exhibir sus conocimientos en la TV y conseguir el título de especialistas en alguna rama de la medicina mediante el voto de la teleaudiencia.

Quizás también los conflictos laborales terminen resolviéndose en la pantalla chica, con empresarios y trabajadores enfrentados en dos equipos y un conductor oficiando de ministro de Trabajo. En el caso de que las partes_  o mejor dicho, los participantes_ no alcancen un acuerdo, en lugar de ir a juicio irán al voto telefónico porque, se sabe, la decisión final siempre es del público.

Tal vez, en un futuro relativamente cercano, los gobiernos no surgirán del voto de los ciudadanos. Ya no habrá más comicios ni autoridades de mesa ni urnas ni escrutinio. Todo será más glamoroso y televisivo. Bastará con que los candidatos desarrollen sus propuestas en la pantalla y que midan allí sus dotes oratorias. El ganador no será elegido por la ciudadanía sino por la audiencia: quien consiga el mayor porcentaje de mensajes de texto enviados a través de los teléfonos celulares, se ganará el derecho a ejercer el poder. Quizás la democracia sea reemplazada por una nueva forma de gobierno: la reality show democracy.

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