Recrudece la guerra de narcos peruanos en la Argentina: 17 muertos

Dos nuevas víctimas de la criminalidad narcosenderista (esta vez en una zona virgen de violencia afín hasta el momento, como es Villa Urquiza), elevan a 17 el número de muertos en confrontaciones entre facciones.

En realidad, 17 asesinatos es el número que reporta la estadística oficial, pero al haber casos de crímenes de peruanos indocumentados –son NN-, la cifra es mas alta aún.

“Hay no menos de 30 muertos en esta guerra, hasta ahora solo 17 pueden ser identificados”,  dice una fuente judicial confiable que sigue de cerca y azorado el pandemonio desatado en los barrios porteños.

Y un detalle: Ningún candidato a la gobernación que compitió el domingo tenía en su agenda de prioridades de la Capital Federal el escabroso tema del narcotráfico y sus consecuencias. Se habló de seguridad y hasta fue el principal caballito de batalla del triunfo de Mauricio Macri. Pero referirse concretamente a la guerra de los narcos, nadie…

Las dos muertes últimas que extendieron la influencia criminal del narcosenderismo a una barriada hasta ahora ajena a la lucha, se produjo en un contexto en el cual se mencionaba la presunta existencia de un pacto entre las facciones en pugna para bajar los decibeles de la guerra.

El grupo liderado por Marco Antonio Estrada González (“Marcos”) sostiene que su jefe se encuentra en un campo de la provincia de Buenos Aires –no en el exterior-, donde habría huído con la avioneta Cessna secuestrada el 8 de mayo pasado en el aeródromo de Saladillo.

En este grupo se dice que la nave no fue robada sino “alquilada por la fuerza” (textual), aunque los autoridades del aeroclub no pudieran evitar la sustracción del avión.

Se especulaba que “Marcos” estuviera buscando tomar contacto con el periodismo y hasta se sabe que hubo algunos intentos para llevar algún periodista hacia el campo en el cual estaría refugiado, pero al parecer hoy la presión de algún sector de las fuerzas de seguridad es muy grande y “Marcos” no se sentiría seguro brindando esa supuesta y deseada conferencia de prensa que le atribuyen sus propios lugartenientes.
 
Sin embargo, después del último megaoperativo en la villa 1-11-14 se mencionó que los grupos en pugna (que incluyen entre otros a la villa 31 bis y asentamientos varios en Once, Congreso, Palermo y ahora Villa Urquiza) negociaban una tregua.

Se sabe que las cabezas de las bandas cambiaron sus teléfonos celulares y solo atienden llamadas de personas que estén registradas en sus agendas de contactos.

Y todos en general fortalecieron las medidas de seguridad y habrían decidido no matarse entre ellos por ajustes de cuentas ni debido a la lucha por predominio en la venta de drogas en diversas zonas porteñas. Pero esa paz fue efímera y pone nuevamente en la primera plana la guerra sin pausa de los narcosenderistas.

El nuevo elemento que ingresa en este asunto es que ahora los grupos se están iniciando en otras actividades comerciales, obviamente financiadas con dineros provenientes de la venta de drogas.

Desde la puesta en marcha de emprendimientos de fabricación y venta de ropa trucha hasta los variados locales gastronómicos que se inaguran semanalmente en varios puntos de la ciudad, significan también motivos de enfrentamiento entre las bandas.

Otro de los motivos que suelen generar tensiones entre el narcosenderismo es el relativo al almacenaje de los cargamentos de cocaína. Ya se sabe que el megaoperativo en la villa detrás de la cancha de San Lorenzo fue un verdadero fracaso en cuanto a que se esperaba encontrar cantidades de droga que no fueron halladas. Fuentes judiciales minimizaron ese asunto aduciendo que ese día se fue a buscar personas y no drogas.

Si fuera así… ¿para que llevaron tantos perros antidrogas entrenados por la Gendarmería? ¿para hacerles dar un simple paseíto a las 4 de la madrugada?

El acopio, el movimiento y la logística que significa almacenar y fraccionar droga hace que algunos por cuyas manos pasan la cocaína se suelan robar algunos trozos para venderlos por su cuenta.

Y cuando sus jefes caen en la cuenta de la traición se producen muchas de las muertes que atestiguan la crueldad de esta guerra que los políticos ni ven ni oyen.

Aunque a los bandos en pugna les convenga pacificar un rato sus negocios para no producir una reacción espasmódica del Estado (hasta ahora muy inmóvil, salvo por los policías corruptos que cooperan activamente con el narcosenderismo), lo cierto es que la escalad parece no tener fin. Y se extiende por nuevas barriadas porteñas.

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