San Lorenzo es el nuevo rey del fútbol argentino

Dicen que para saber disfrutar primero hay que sufrir. Y San Lorenzo sufrió. Porque en 15 minutos era campeón, y al rato los nervios invadían los cuerpos de los futbolistas y el alma de los hinchas. Pero el equipo de Ramón tiró toda su personalidad, se puso el traje de campeón en el entretiempo y desató la fiesta. Fue 4-2 y delirio en el Nuevo Gasómetro: tras seis años volvió a dar la vuelta olímpica y sumó su décima estrella.


Salió como una tromba el local. Presión extrema sobre la salida de Arsenal y fútbol preciso a ras del piso. El muy buen juego de Cristian Ledesma y Santiago Hirsig en el mediocampo y la brillante tarea de Lavezzi de tres cuartos de cancha hacia adelante hicieron que el conjunto de Díaz metiera a Arsenal en su propio arco. Así, desde el vestuario Tula (de goles importantes en este torneo) puso de cabeza la apertura y al rato lo siguió Lavezzi. La palabra “campeón” nació desde las tribunas y la fiesta parecía tener su inicio. Pero…

Tras ese comienzo demoledor de San Lorenzo, Arsenal salió de su letargo, y se le coló un invitado inesperado: Mauro Obolo. El goleador de Arsenal apareció dos veces dentro del área y puso silencio en el repleto Gasómetro. Y los fantasmas inevitables de esta clase de definiciones comenzaron a aparecer.

Cabezas gachas rumbo al vestuario. Pero la estirpe de Ramón se mostró tranquila. El DT acomodó las fichas en el entretiempo y San Lorenzo renació. En una ráfaga (o en un ciclón, como a usted más le guste), las cosas volvieron a estar en su lugar. Gasón Fernández dio su presente en la fiesta para marcar los dos goles que terminaron desatando la definitiva fiesta.

Así, el equipo de Ramón pudo dar la esperada vuelta olímpica. Vuelta olímpica que ni hasta el más optimista hincha de San Lorenzo hubiese pensado. Vuelta olímpica después de seis años de sequía. Vuelta olímpica a una fecha del final del torneo. Vuelta olímpica de fiesta. Salud Campeón.

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