SEBASTIÁN: EL ESTRATEGA EN SU LABERINTO
*Que me voy, que me quedo: así nos tiene, desde la salida de Nadia, uno de los participantes con perfil de finalista. Gran jugador, sabe bien a qué apunta. Pasen y vean: las estrategias de un chico que entendió los códigos de la tele.
Con diez integrantes en la casa, “Gran Hermano ’07” está a punto de entrar en la recta final. Uno de los grandes jugadores de esta temporada, Sebastián Pollastro, sabe que ya no hay margen para distracciones. De ahora en adelante, el participante que no esté alerta a jornada completa resultará devorado por la dinámica del juego y la TV. La salida de Nadia fue el timbre que marcó el final del recreo. Los plazos se han acelerado; tanto adentro como afuera, para ponerlo en los términos en los que se divide el mundo conforme a la lógica de “Gran Hermano”. Y Sebastián lo sabe.
Perceptivo, observador y gran estratega, en la madrugada del martes, apenas Nadia había abandonado la casa, Sebastián se metió en el confesionario y expresó sus deseos de abandonar el juego. ¿Justo él, que tiene pasta de finalista? ¿Por qué quiere tirar la toalla? ¿Habrá empezado a pesarle el encierro? ¿Estará sucediéndole lo que a muchos actores, que antes de alcanzar la cima del éxito se asustan y terminan por boicotear sus propios logros?
En mi opinión, no ocurre nada de eso. Yo creo que Sebastián sigue construyendo, peldaño por peldaño, la escalera hacia su meta que, como siempre ha dicho, no consiste en los cien mil pesos del premio sino en la fama, en la oportunidad de encontrar su lugar en el mundo de la actuación. Sagaz, tiene en claro que a esta altura, en “Gran Hermano” hay que apretar el acelerador a fondo. Y eso está haciendo, con la mirada puesta en los televidentes - los que, voto mediante, tienen la última palabra - y en los productores de la industria del espectáculo por los que espera ser descubierto, antes que en las internas de la casa. En el idioma televisivo, la incertidumbre en la que Sebastián ha sumido al público - me voy, me quedo- se llama suspenso. Y en la pantalla, el suspenso, paga bien.
Sebastián ha sido un espectador fiel de las primeras tres ediciones de “Gran Hermano”. Esa experiencia es la fruta a la que ahora le está sacando el jugo. Sebastián intuye con acierto los códigos de la TV. Allí, para captar la atención de la audiencia hay que empezar apostando a pleno. Y para conseguir que los ojos ajenos no se aparten de uno hay que generar sorpresas; una tras otra, sin repetir y sin soplar.
Conocedor de esa regla de oro, apenas comenzado el ciclo, Sebastián habló sin vueltas sobre su homosexualidad. Aquella actitud hizo que los televidentes lo identificaran rápidamente entre los 18 desconocidos que aparecían en la pantalla. Más adelante, se prendió en el ambiguo juego de Leandro, el chico que apostó a permanecer en la casa sembrando incógnitas sobre sus preferencias sexuales. Llegado un punto, las peleas y reconciliaciones entre ambos fueron el condimento con el que sazonaron sus respectivas trayectorias en el juego. La amenaza de un romance que no fue ni iba a ser, perdió impacto y antes de que el recurso se agotara por completo, cada uno buscó, por separado, nuevos ganchos televisivos. Leandro optó por franelear con Mariela para abrir una nueva línea argumental en su novela: la del romance heterosexual. Y Sebastián está mirando con codicia la pasarela de la fama que está del otro lado del encierro.
La jugada es muy buena. Cuanto más tardan en dejar la casa, los jugadores están más cerca de los cien mil pesos pero también se les achican las oportunidades de exposición en las revistas, en los boliches, en los otros programas que se hacen eco de lo que ocurre en “Gran Hermano”. El ganador y los finalistas gozarán de unos cuantos días de vértigo publicitario, pero no más que eso. Terminada la actual edición, que monopolizó la TV del verano, la tele pasará rápidamente a otro tema, se ocupará de otros destinos, hablará de otros programas o especulará con la llegada de una nueva edición de “Gran Hermano”. Para alguien como Sebastián, que vivió la experiencia de patear castings con más desilusiones que gloria, hacerse ver, y mucho - ahora que todavía está a tiempo - es fundamental. A eso está dedicándose, con habilidad y perseverancia.
Esta semana, con sus dudas sobre la conveniencia de abandonar el juego, ya obtuvo una valiosa cantidad de minutos de tele. Lo que se dice una persona rápida de reflejos. Recién expulsada, Nadia era aún el centro de atención cuando Sebastián se metió en el confesionario para apropiarse del protagonismo. Entre dudas y cavilaciones, consiguió que Gran Hermano le propusiera seguir dudando y cavilando hasta la gala del jueves por la noche. Conclusión: por la vía del suspenso, se aseguró una presencia de tres días en el ojo del huracán mediático.
Sea el jueves o en cualquier otro momento antes de la final, si Sebastián se va del juego por propia voluntad, obtendrá una serie de ventajas que no tendría si permanece allí y la inercia del juego lo lleva a quedar nominado y eventualmente, expulsado. ¿Qué gana si es él quien dice ‘basa para mí’? Una imagen de persona pacífica que no pudo tolerar los encontronazos verbales que siguieron a la partida de Nadia. Una ceremonia de salida organizada especialmente para él, en el momento en qué él elige vivirla y sin someterse al desgaste que implica, para quien quiere trabajar en el medio, el hecho de haber sido rechazado por el voto del público. Si se va por la propia, Sebastián dejará flotando la ilusión de que podría haber sido el ganador y, además, seguirá distinguiéndose del resto. La mayoría de los eliminados del juego, prácticamente ya son historia. ¿Quién se sigue ocupándo de la suerte de Claudia, de Agustín, de Silvina o de Pablo? Si Sebastián opta por irse, quedaría en el imaginario colectivo como el único chico que renunció al juego.
Sebastián sabe que fuera de la casa hay para él una vidriera tentadora. Es probable que quiera ir a exponerse en ella antes de que el escaparate cierre por fin de temporada, por final de juego, por la necesidad de reacomodarse para el siguiente motivo de agitación mediática.
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