Segunda parte / Concurso de belleza

Télam
Por Télam

“Estimado Sr.Monzi -le dije ante la propuesta de dinero- en primer lugar mi apellido es Salazar Gauna, no Gauna, y en segundo: ¿cómo viene a plantearme eso, está loco?”. El Moco, sin inmutarse me respondió: “Vea Gauna, acá -interrumpió y estornudó distribuyendo gotas de saliva por todo el ambiente (un nuevo aditamento se sumó a la colección que yacía sobre su bigotito) queremos que Vale gane. Como sea”.

Si no hubiera sido por las mujeres, lo hubiera echado a patadas de mi house y del country. Pero justo entró Marie Claire antecedida por una ola de perfume. “Hola a todos, perdón por el retraso pero es que...”, se interrumpió cuando entró en la zona de influencia del Moco. Iba a darle un beso como acostumbra, pero el hedor y los esputos que lo rodeaban la pararon en seco. Extendió la mano y dijo: “Mucho gusto Sr.Monzi”. “Gusto” respondió él.
 
Marie Claire le dio sí un beso a Joanna y se integró a la conversación, más bien cerca de la mujer y lejos de su marido. Y yo, que en el ínterin miré ahora a Joanna pararse para el saludo con mi mujer aprecié toda la dimensión de su figura. Me la quería comer, pero tarea imposible. Por lo menos en este contexto. Ella me miró y esos ojos graciosos, pícaros me sondearon.

“Bueno Sr. Monzi, como le decía, haré lo posible pero absolutamente dentro de lo que sea justo para todas las participantes”. “Entonces ¿no hay nada que hacer? -insistió el Moco- mire que lo que usted diga se lo pongo...” El tipo no entendía y de clase, o categoría para ofrecer algo así... cero.

“Me temo que no, pero vayan tranquilos que todo se hará correctamente”. Me paré y di por terminada la charla. Se dirigieron a la puerta donde despedí a ambos. A ella sí le di un beso un poquito cerca de la comisura de la boca. A él lo más lejos posible, le tendí la mano y una tarjeta de la inmobiliaria (un acto reflejo). Marie Claire, siempre la anfitriona, les dijo (hipócrita): “Vuelvan pronto. Nos encantará recibirlos y más aún para celebrar el triunfo de Victoria”, “Valerie” -la corregí rápidamente.

En la puerta los esperaba un cochazo alemán. Un guardaespaldas morocho salió de la nada y le abrió la puerta a Joanna que desapareció en el interior. Otro brutazo, con manos como cajones ayudó al Moco a entrar al auto. El chofer se sentó tras el volante y desaparecieron.

“Al fin solos... ¿quienes son estos?” -dije yo. “No sé, esperá que la llamo a Julieta y le pregunto” -respondió Marie Claire. “La verdad ¡que tipo asqueroso! No sé cómo tu amiga nos fuerza alguien así en casa”. “Sí, pero ella no te parecía asquerosa, más bien diría deliciosa según esa mirada lasciva que no te podés sacar ni ahora” -me dijo con una sonrisa mi esposa. “Bueno dear –respondí- pero vos sabés que si bien yo las quiero a todas, la que me enamora sos vos –dije mientras le acariciaba la cintura.

“Estás recaliente con la pendeja, que no es tan pendeja -siguió la broma Marie Claire, y continuó- ¡mirá que sigue en pie nuestro trato!”. Hacía referencia a un trato que habíamos hecho dos años antes al ir a un Club Mediterranee donde nos declaramos “libres” por esa semana. Yo incursioné con alguna madurita que se me puso al paso. Y ella... mejor no enterarme, pero los jóvenes fogosos que desembarcaban del Jumbo desde New York, la tuvieron ausente de la cabaña varias noches.

“No querida, ya estoy viejo para eso, aunque me temo que vos seguís tan atractiva como siempre. Pero quedate tranquila, no me interesa nada más que como regalo para los ojos”, aseguré.

Enseguida ella llamó a su productora. “Hola Julieta, habla Marie Claire, podés explicarme quiénes son el matrimonio que nos mandaste”. “Ah… si...bueno”, -escuchó un largo rato y cortó.

“Mirá me dice que el tipo es el capo, el que maneja el negocio de la carne en el Mercado Central. Muuuuucha guita. Muuuuucha mafia y poder. Otra que sindicalistas o punteros. El tipo maneja la zona sur y tiene poder, dinero y matones. Y hace dos años se compró una esposa. Joanna era vendedora de Fallabella. El tipo se prendó y la sedujo”. “¿Sedujo? ¿El Moco? ¿Vos sentiste cómo huele? ¿Y el asco que lo rodea? -dije yo.

“Sí, querido. Pero ya sabés: billetera mata galán. Y qué billetera. El tipo la tiene como una reina. Y encima se hizo cargo de la hijita Valerie que ya tiene 16 años. Joanna es, era madre soltera. Del mostrador de la tienda, a vivir en el country, servicio y todo a su disposición, no le habrá costado aceptar… aunque yo te digo -siguió Marie Claire- no sé cómo hace la chica cuando el marido ese que tiene cobra sus derechos maritales. Que se te acerque ese espanto...”

Dejá tu comentario