Confitería del Molino: idas y vueltas de una joya arquitectónica al borde del colapso
La fachada estilo Art Nouveau perdura a pesar del abandono en avenida Rivadavia 1801. Lo mismo sucede con las aspas del molino, que siguen observando, inmóviles, el paisaje de la Plaza de los dos Congresos desde lo alto de la torre. Sin embargo, la confitería del Molino está hoy más cerca de volver a abrir sus puertas, después de 18 años de negativas de los dueños a vender y propuestas legislativas que quedaron en la nada.
Según el ex director del Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, el arquitecto Luis Grossman, él se contactó con el dueño de la propiedad y nieto de Cayetano, Edgardo Roccatagliata Brenna, a principios de 2000 por su interés de darle vida al edificio. Su proyecto era construir en el lugar un hotel de cuatro estrellas y preservar la confitería en el piso de abajo, junto a un restaurant que funcionaría como comedor del lugar. Para esto contactó a inversores de Chicago, Estados Unidos, y se entrevistó con gente para administrar la confitería.
"El propietario nos dijo que eso no se vendía, a lo que contraofertamos tomar una concesión por 25 años, ya que la inversión a realizar ascendía a los 16 millones de dólares. Fueron años de dar vueltas. Finalmente eran tantos los reparos por un canon que quería él que, al final, estos señores perdieron interés y se fueron", explicó Grossman.
Sin embargo, poco después, el dueño quiso vender. Entonces, el arquitecto volvió con un grupo de inversores mexicanos. "Pero nuevamente las condiciones y lo que pedía para venderlo frustraron las negociaciones", recordó.
Finalmente, tras negociaciones y varios proyectos truncados en la Legislatura porteña y el Congreso nacional, en noviembre de 2014 la Cámara de Diputados aprobó su expropiación.
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