¿Cómo evitar que los hijos sean malcriados?

Sociedad

*El exceso de estímulos hace que los chicos pierdan la capacidad de asombro,
no se conformen con nada y, en extremo, que los padres se conviertan en sus víctimas.


  • El problema va más allá de un berrinche. Cuando los chicos no aceptan ningún tipo de limitación, es probable que algunas relaciones dentro de la familia no estén funcionando.
  • Dos psicopedagogas consultadas por minutouno.com reflexionan al respecto y advierten sobre el peligro de que los padres se conviertan en víctimas de sus hijos.

Caprichosos, mimados y sobreprotegidos. Así podría resumirse la personalidad de los “niños tiranos”, esos que desean ser constantemente el centro de atención, que se caracterizan por ser desobedientes y desafiantes y que no aceptan un NO.

La otra cara de la moneda son los padres permisivos, quienes agotados ante la insistencia de los pequeños por obtener un juguete, un helado, una golosina, un paseo, o el capricho de turno que sea, suelen cometer el error de consentirlos por demás.

La psicopedagoga y psicóloga Alejandra Libenson prefiere no rotular a un niño como malcriado sino pensar en un chico con dificultades serias para aceptar la puesta de límites. “Ellos dan señales a través de los berrinches de que algo no está funcionando del todo bien dentro de la casa. Un niño caprichoso puede estar angustiado o deprimido”,  explica a minutouno.com.

En coincidencia, la maestra jardinera y licenciada en Psicopedagogía Nora Getos señala que, en realidad, los chicos buscan a través de sus caprichos que se le pongan límites. Estos, según la especialista en el tema, son necesarios para el desarrollo de una personalidad armónica, indispensables para convivir en el núcleo primario, luego en la escolaridad y más tarde para insertarse adecuadamente en la sociedad.


El niño necesita saber que no todo está a su alcance y que no siempre sus padres podrán darle todos los gustos.     


El aburrimiento es otra característica que permite reconocer a los chicos consentidos por demás. Nélida Sánchez, mamá de Milagros (7) y de dos varones 12 años mayores que la nena, cuenta a minutouno.com: “Es tremenda, súper caprichosa. Le comprás algo y al segundo ya no lo quiere. Es un círculo interminable, aunque le compres todo nunca está conforme. Tiene millones de juguetes y se aburre todo el tiempo”.

Para Libenson, también autora de "Criando hijos, creando personas", un niño que siempre fue satisfecho en todo, incluso antes de pedir lo que necesita, posiblemente tenderá mas fácilmente a aburrirse y a no registrar sus propias necesidades y que nada lo conforme. Por lo tanto para mantener el deseo y el interés intacto es bueno no conseguir tan fácilmente todo lo que se desea y que exista una cuota de  espera, incertidumbre y porque no de ilusión o frustración.

Los únicos y los más chicos corren con ventaja

No por casualidad, cuando los chicos son los únicos o los más pequeños de la casa, suelen pedir, pedir y no conformarse con nada. Por el exceso de estímulos, pierden la capacidad de asombro. 

La mamá de Milagros comenta: “No soy yo sola. Toda la familia la malcría. Mi suegra, mi cuñada, mi hermana siempre le compran cosas. Y no cualquier pavada, cosas caras. Pienso que es porque es la más chiquita de todos”.


Los niños demandantes podrían esconder otro tipo de necesidades insatisfechas, tales como: atención, cariño y presencia     


Estas conductas, según Libenson, pueden exacerbarse aún más cuando se establecen preferencias con los hijos menores, donde al problema de los límites se le suma el de las relaciones entre hermanos y los celos.



Del niño consentido al .. ¿adolescente agresivo?

¿Qué pasa cuando la situación se va de las manos? La dureza emocional crece, la tiranía se consolida si no se le pone límites. Su comportamiento colérico, más allá de la simple pataleta, hace temer una adolescencia conflictiva y quizá contribuya a aumentar un problema social serio: la violencia juvenil. Así comienza “El pequeño dictador”, libro del escritor español Javier Urra.

Pero Getos aclara a minutouno: “En principio, debemos saber que la violencia es siempre una conducta aprendida. No nacemos violentos. Cuando el niño contesta mal, espera comprobar cuál es la reacción del adulto. Se deben establecer límites claros desde temprana edad, pero que no perseveren en actitudes negativas y evitar llegar al extremo de la agresión. Cuando las personas no logran poner en palabras lo que les sucede, pasan al acto violento".

Según la especialista, muchos casos de adolescentes violentos, tienen una historia familiar carente de límites o falta de convicción para sostenerlos en el tiempo. La firmeza no está reñida con el amor entre padres e hijos. Los límites ayudan a ordenarse, a respetar al otro. Otorgan al niño la seguridad de estar protegidos por quienes deberían siempre tener la autoridad: sus padres.

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