Con una confesión no alcanza
Confesar no alcanza, hay que probar los delitos. Esa es una máxima de los Tribunales. A la confesión hay que dotarla de pruebas.

Por Mauro Szeta
Pero el indicio más relevante contra Conejo, más allá de su parecido con el identikit, es que sus compañeros de trabajo en el arreglo de un techo, aseguran que les llamó la atención que el día de la desaparición de Lola, el sospechoso, se fue de su lugar de trabajo entre las 15 y 18 horas.
A esa hora, se presume, habrían asesinado a Lola.
Y lo más raro es que cuando Conejo volvió llegó con bolsas de comida. Cuando le preguntaron con qué dinero compró eso, contestó: encontré plata en la playa.
Ahora es tiempo de la justicia. Los delitos hay que probarlos, las confesiones por sí solas, no alcanzan para una condena.
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