El que nunca se copió en el colegio que levante la mano

Sociedad


  • "En segundo año teníamos pupitres de madera que estaban absolutamente todos escritos con los árboles invertebrados y vertebrados para biología y las cadenas montañosas de Europa que eran una cosa imposible de aprender”, recordó una mujer a minutouno.com.

No es ninguna novedad que muchos chicos en la escuela secundaria –y algunos de primaria también- recurren a diferentes estrategias para copiarse o machetearse a la hora de rendir un examen, y la mayoría de ellos no son descubiertos. minutouno.com dialogó con ex alumnos que recordaron sus machetes y con docentes que analizaron esa transgresión adolescente.

Para algunos docentes consultados por miunutouno.com el tema del machete es una práctica que está en aumento y es utilizada por los chicos para memorizar conceptos o definiciones que son complicadas para entenderlas.

“Como la mayoría son memorísticos y no les gusta pensar, lo ponen en práctica porque el machete te lo da todo servido. ¿Para qué voy a pensar o sacrificar horas de tele o de la computadora para estudiar?”, se preguntó María Amelia Escribal (45), que es docente de escuelas primarias desde hace 27 años.


 



"Nunca me pescaron. La única vez en mi vida que me acusaron de copiarme fue en la universidad donde jamás lo hice pero se ve que tenía que pagar por haberlo hecho en el secundario", dijo Sandra.


    


Todos los machetes, todos



Francisco (18) está cursando su último año del colegio secundario y a pocas semanas de viajar a Bariloche explicó a minutouno.com todas sus macheteadas en la escuela. “La mayoría de las veces utilicé papelitos y escribí en letra chiquita por computadora y lo pegaba con cinta scotch en la parte de arriba de la cartuchera”, comentó.

Francisco también probó con el método de la media: “Una vez en un examen en diciembre me coloqué un papel con un resumen dentro de la media y me levantaba los pantalones grises y veía la información que necesitaba por debajo de la media. Luego ponía el papelito en su lugar. Claro, estaba ubicado en el último asiento de la clase”, aclaró.

Sandra (34) es docente de inglés, pero en su paso por la escuela secundaria no fue la excepción y también se macheteó, como la mayoría de sus compañeros. “Fundamentalmente lo hacía en la regla de madera que tenía toda escrita de adelante y de atrás llena de fórmulas matemáticas y esas cosas", rememoró. "En segundo año teníamos pupitres de madera que estaban absolutamente todos escritos con los árboles invertebrados y vertebrados para biología y las cadenas montañosas de Europa que eran una cosa imposible de aprender”, agregó.

Para Escribal, los chicos de primaria son más inocentes e incluso comentó que algunas veces le solicitan si pueden abrir una carpeta y ella les dice que están en prueba. “Cuando tuve séptimo grado una de las que se copió fue mi hija y la pesqué justito porque la vi guardando la hoja de carpeta que tenía debajo del banco y no le di tiempo a nada. Me das la hoja y tenes un uno”, comentó que le manifestó esa mañana a su hija-alumna.



“Utilizaba una cartuchera de doble fondo y la regla era infaltable"



Sin embargo, algunos niños de esa edad no parecen ser tan inocentes. Mariela (21) recordó a minutouno.com todas las formas en las que se macheteaba no sólo en el colegio secundario sino también en la escuela primaria. Al parecer, su vicio por copiarse comenzó desde muy temprano.


 


“Utilizaba una cartuchera de doble fondo, la regla infaltable, escribía algunas respuestas en el banco y también colocaba las hojas debajo del banco”, dijo. “En tercer grado haciendo eso último me agarró la maestra. Me morí de vergüenza porque yo era tan inocente que en realidad los había dejado debajo del banco sólo por las dudas”, agregó.

Liliana Ferro hace 32 años que es docente de Historia y desde hace siete es la directora del Colegio Inmaculada Concepción de Lomas de Zamora. “Si el docente no es conciente de este accionar de los chicos, no está dentro de la realidad de la escuela. El adolescente es naturalmente transgresor y una de las formas de hacerlo es copiándose y con los años esta práctica fue aumentando”, expresó.

“Yo tenía una táctica muy buena porque era casi imposible que se dieran cuenta. Me pegaba un papel impreso en computadora en la parte de abajo de la remera del lado de adentro, donde escribía los datos en letra muy chica así entraban más. Entonces con sólo mirar hacia abajo bastaba, y si se acercaba el profesor la daba vuelta y listo, desaparecía el machete”, expresó Lucas (21).

Para Ferro, que los chicos se copien en su tema serio. “Cuando vos tenés un vínculo de relación con alguien y si ese alguien en el que vos confiás te hace algo que no corresponde no te gusta. Para mi el alumno no es un número más por el cual yo gano un mango. Ante todo le debo respeto y exijo todo respeto de parte de él”, dijo.



"Cuando tuve séptimo grado y la que se copió fue mi hija. Me das la hoja y tenés un uno, le dije", comentó a minutouno.com la docente María Amelia Escribal.


    



“Por suerte a mi nunca me descubrieron. Una vez un amigo tenía en el cuaderno carpeta las hojas y cuando la profe no miraba los sacaba. Una vez se avivó y le puso un uno, aclarándole que en su materia no se iba a copiar”, alegó Francisco.

“Nunca me pescaron,  la única vez en mi vida que me acusaron de copiarme fue en la Facultad de Derecho en donde jamás me copié pero se ve que tenía que pagar por haberme copiado en el secundario”, añadió Sandra.

Para Escribal, en la secundaria hay una falta de respeto hacia al docente porque, a su entender, para subsistir en esta realidad económica sus colegas están dando clases desde las siete de la mañana hasta las 12 de la noche “para tener un sueldo digno”. "Se agotan y están cansados ya en el mes de abril y eso hace que hagan la vista gorda con el tema de los machetes”, concluyó.

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