¡Haga patria, denigre a un docente!
¿Qué nombre ponerle a esa actitud que tienen muchos de creer que pueden hacer todo lo que los demás hacen? El "voluntariado docente" nos abre la posibilidad de reflexionar en torno a la percepción de sí mismo y la de los demás.
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Sin embargo, muchos eligen pasar del pensamiento crítico y trasladar todos sus mitos infundados hacia el plano de la frustración y el prejuicio: así el docente debe ser movido por la vocación y luchas haciendo su trabajo, de otra manera se le reprimirá o se lo reemplazará por gente que cree que no debe ser tan difícil eso de estar a cargo de unos treinta menores por clase durante varias horas siguiendo un currículum, planificando y corrigiendo.
No obstante podemos cuestionarnos si detrás del "voluntariado docente" hay sólo una soberbia disfrazada de altruismo o si acaso existe también una ideología política que interpela el derecho a la huelga y sostiene la necesidad de un status quo en donde el docente no debe verse a sí mismo como un profesional de la educación que defiende el valor agregado de su trabajo, sino como un agente vocacional innato que debe transmitir "por amor" la moral de un pueblo. Asimismo también se deja entrever una intención de manifestar que los docentes están "creídos" que tienen más derechos que otros trabajadores que han de pasar horas con labores manuales que se pagan todavía menos.
En este sentido, cabe mencionar lo que Karl Marx denominaba como "conciencia de clase", esto es, la noción de los sujetos del establecimiento de clases sociales que dividen a los que tienen el poder y la riqueza de los que no la poseen y trabajan para ellos. Proponerse como voluntario para cumplir gratis el trabajo remunerado de otro, aparte de ser ilegal, es un acto que legitima totalmente la división de clases reproduciendo el sistema opresor que le otorga cada vez más poder al poderoso. En definitiva, es buscar separarse ontológicamente del otro, manifestando que lo que uno hace es más importante, ignorando el proceso de capacitación por el que un docente debe atravesar y los derechos de estos a reclamar por la valoración de su labor... La buena noticia para estos abnegados voluntarios es que la educación continúa siendo pública, por lo que pueden inscribirse en alguna de las carreras universitarias o terciarias que habilitan para dar clases para que, con suerte en cinco o seis años, puedan cumplir sus sueños de estar en un aula.
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