Polémica por el futuro de un polista en estado vegetativo
Ignacio Ballesteros cayó de un caballo y se encuentra con "mínima conciencia". En un caso que llegó a la Corte Suprema, su esposa y padres discuten dónde debe permanecer.
También denunciaron ante la Defensoría Oficial de la Nación a Mercedes Crespi (la defensora local actúa porque se trata de un incapaz) y plantearon el caso ante la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
"Ojalá pudiera preguntarle dónde quiere estar y esto se acaba", se lamentaba hace una semana Eduardo Ballesteros, su padre, que es presidente de la Sociedad Rural de Córdoba capital.
"Los derechos de Ignacio estaban siendo totalmente vulnerados", remarcó Eduardo Ballesteros, que no podía visitar a su hijo en Rosario, por una serie de denuncias de violencia cruzadas. Sólo podía verlo la madre una vez a la semana, acompañada de una asistente social, por orden de un juez de Familia de Rosario.
Las tres horas por día en que puede ser visitado son compartidas por la familia y la esposa, cuando ella viaja desde Rosario, y se generan momentos de gran tensión. El mes pasado, Gisela había sostenido en declaraciones a La Voz del Interior: "Yo había pedido la mitad del tiempo para cada uno. Pero como mucho puedo estar media hora. Demás está decir que no me quieren".
Sin embargo, el padre de Ignacio insiste en que su única preocupación es la salud de su hijo y que si no fuera por otros familiares de Gisela, con ella no se habrían suscitado conflictos. "Tengo ganas de decirle: Hagamos todo lo que podamos hacer para que se recupere. Dejémonos de joder... Me parece insólito todo esto", dijo.
Pero sostiene su postura hasta el final: "Le diría: vení con nosotros. Porque no es que nosotros tengamos que ir con ella. En realidad, la familia de Ignacio somos nosotros. Y ella es la esposa".
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