Polémica por el futuro de un polista en estado vegetativo

Sociedad

Ignacio Ballesteros cayó de un caballo y se encuentra con "mínima conciencia". En un caso que llegó a la Corte Suprema, su esposa y padres discuten dónde debe permanecer.

El polista cordobés Ignacio Ballesteros se encuentra en estado vegetativo desde diciembre de 2010, cuando tuvo un accidente con un caballo. Tras varios entredichos, sus padres y su esposa comenzaron una disputa legal sobre dónde debe permanecer, en un caso que ya llegó a la Corte Suprema.

El drama comenzó cuando Ballesteros, de 33 años, jugaba un partido de polo en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, y la yegua que montaba lo golpeó en la cabeza. El diagnóstico fue "estado vegetativo de mínima conciencia" y "cuadriparesia espástica".

Desde entonces, la vida del cordobés, que según informó el diario La Voz del Interior vivía con su esposa en Rosario y había hecho su fortuna con caballos en Inglaterra además de tener negocios inmobiliarios, quedó en pausa.

Tras siete meses en el Instituto Fleni de Escobar, Ballesteros fue trasladado a Rosario por decisión de su esposa. Sin embargo, el polista fue trasladado luego a en un centro de rehabilitación de barrio Argüello, en la ciudad de Córdoba, debido a que sus padres consiguieron que el juez federal Ricardo Bustos Fierro ordenara su transferencia con policías federales, contra la voluntad de su esposa y de un juez de esa ciudad.

De ese modo se inició el conflicto y llegó a la Corte Suprema que, dentro de poco, deberá resolver qué tribunal dispone dónde continúa la difícil rehabilitación del joven.

Cuando la causa estaba ya en la Corte, la Cámara Federal de Córdoba intervino y anuló lo actuado por Bustos Fierro. Los padres de Ballesteros decidieron acusar a los camaristas ante el Consejo de la Magistratura y pedir juicio político.

También denunciaron ante la Defensoría Oficial de la Nación a Mercedes Crespi (la defensora local actúa porque se trata de un incapaz) y plantearon el caso ante la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

"Ojalá pudiera preguntarle dónde quiere estar y esto se acaba", se lamentaba hace una semana Eduardo Ballesteros, su padre, que es presidente de la Sociedad Rural de Córdoba capital.

"Los derechos de Ignacio estaban siendo totalmente vulnerados", remarcó Eduardo Ballesteros, que no podía visitar a su hijo en Rosario, por una serie de denuncias de violencia cruzadas. Sólo podía verlo la madre una vez a la semana, acompañada de una asistente social, por orden de un juez de Familia de Rosario.

Las tres horas por día en que puede ser visitado son compartidas por la familia y la esposa, cuando ella viaja desde Rosario, y se generan momentos de gran tensión. El mes pasado, Gisela había sostenido en declaraciones a La Voz del Interior: "Yo había pedido la mitad del tiempo para cada uno. Pero como mucho puedo estar media hora. Demás está decir que no me quieren".

Sin embargo, el padre de Ignacio insiste en que su única preocupación es la salud de su hijo y que si no fuera por otros familiares de Gisela, con ella no se habrían suscitado conflictos. "Tengo ganas de decirle: Hagamos todo lo que podamos hacer para que se recupere. Dejémonos de joder... Me parece insólito todo esto", dijo.

Pero sostiene su postura hasta el final: "Le diría: vení con nosotros. Porque no es que nosotros tengamos que ir con ella. En realidad, la familia de Ignacio somos nosotros. Y ella es la esposa".

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