Escándalo en el básquet infantil: padres les cantaron a chicos rivales "son todos p..."
La situación tomó trasencendencia luego de la carta de una madre del Hindú Club, que dijo sorprenderse con la hostilidad de los papás contrarios que los insultaban desde las tribunas. Ocurrió en la localidad cordobesa de Pilar, en un partido de básquet infantil U13.
Lejos de entrar en una moralina vacía de contenido o intentar bajar línea sobre las enseñanzas que como adultos tenemos la obligación de darles a nuestros hijos (y bien sabido es que ellos aprenden básicamente observando nuestro comportamiento como adultos que somos), me gustaría detenerme en algunos interrogantes.
¿Qué clase de hombre nuevo podemos formar si arrastramos nuestras más profundas miserias a una cancha y se las vomitamos en la cara a un puñado de pibes que sale a jugar un juego que se supone divertido, y qué -lógicamente- quieren ganar?
Demostremos pasión, sí, claro. Y transmitámosla. Pero con amor. Porque aunque no seamos capaces de comprenderlo, estamos parados frente a chicos en formación, chicos que encontraron en el deporte una manera de reforzar sus vínculos, que están adquiriendo valores, compartiendo experiencias, empezando a comprender un mundo que de por sí les es hostil, creciendo con pares, persiguiendo sueños.
Es la tribuna del zapateo cuando el equipo contrario tiene que tirar. Yo los he visto, silbando o aplaudiendo en detrimento del oponente. Los he mirado anonadada, sin que mi capacidad de razonamiento alcance para comprender.
¿Qué nos pasa? ¿Tan descompuestos estamos? ¿Tan "sin terminar", como decía Galeano cuando sostenía que "no estábamos mal hechos sino que estábamos sin acabar"?
Me pregunto qué opinan las autoridades de mesa, los árbitros, los DT. ¿A todos les parece normal esa conducta tribunera? ¿Tanto hemos llegado a naturalizar el maltrato entre seres humanos?
A los padres que integraban la tribuna que arengaba el sábado 27 en esa cancha de Pilar: me duelen sus mentes tan chiquititas. Porque con mentes tan chiquititas estamos perdidos, con mentes así nunca lograremos hacer madurar a un hombre nuevo.
Es tiempo de crecer.
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