La importancia de los sentidos a la hora del sexo

Sociedad

Tacto, gusto, vista, olfato y oído: nuestros cinco sentidos, poderosos afrodisíacos que aumentan nuestro placer sensual y sexual.

Justamente su participación en el encuentro sexual lo convierte en una experiencia única, plena, satisfactoria y en la que, además, se descubran nuevas sensaciones y diferentes formas de vivir el erotismo.

Pero pocas personas toman esto en cuenta. Y así en la consulta el "no tengo ganas" aparece muy frecuentemente. Pero que paradójico que esto resulta dado el contexto actual, la gran cantidad de información disponible, la abundancia de disparadores visuales, la libertad y las posibilidades de cuidado.

El interés sexual que surge en nuestra cabeza se dispara como respuesta a un estímulo. Pero para que tal efecto se produzca el estímulo debe estar presente. En la consulta encuentro muchas veces que un importante número de casos de falta de deseo se relaciona con la ausencia o la pobreza de estímulos sexuales.

¿Cómo pretender que el deseo se mantenga a lo largo de los años si se crean cada vez peores condiciones? Por diversos motivos muchas parejas caen en un automatismo o inercia que los lleva a reducir cada vez más el aspecto sexual del vínculo de manera tal que llegan a prescindir casi totalmente de los estímulos.

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¿Cuáles son esos estímulos? Es común que los visuales sean los más efectivos: ver un cuerpo desnudo o cubierto de modo sensual, advertir un gesto provocador en el otro, una mirada cómplice o cualquier imagen que trasmita erotismo nos conduce mentalmente y de inmediato, a una posible situación sexual. Por otra parte, muchos hombres y mujeres dicen que su deseo se despierta especialmente cuando ven que su pareja puso mayor dedicación al arreglarse porque perciben esta actitud como seductora. No olvidemos que el erotismo y la sensualidad son dos pilares que sostienen la sexualidad.

El tacto es por demás importante: las caricias, los abrazos, los besos, los masajes, los mordiscos, el roce de los cuerpos. Muchas parejas se tocan poco y pretenden, ya cansados al final del día, hacer andar a gran velocidad un auto cuyo motor no se ocuparon de calentar. Por eso es común que les sugiera a los consultantes que dediquen un buen tiempo a "tocarse". Es decir, a recuperar esa costumbre característica de los comienzos, en que los cuerpos de los amantes estaban en contacto permanente, y no sólo a la hora del sexo.

Lo auditivo es otro importante generador de excitación sexual: los halagos, las frases pícaras, los susurros al oído, las propuestas "indecentes" pueden resultar sumamente estimulantes, porque disparan fantasías.

Y recordemos que el olfato, el aroma del otro, es un importante estimulo, al igual que el sabor particular que tiene el cuerpo de la persona que nos gusta.

Van acá algunas sugerencias para ayudar a recuperar el erotismo, que se logra practicando y haciendo y no pensando:

  • Tomar contacto con el propio cuerpo: caricias, masajes, baños, etc., con la finalidad de recuperar las sensaciones placenteras.
  • Caricias, besos, masajes y manifestaciones de ternura vienen bien para restablecer el deseo de estar juntos.
  • Hablar de lo que les pasa. No dejar que las cosas "las resuelva el tiempo". El hablar permite buscar alternativas para superar esta situación.
  • No dejarse vencer por las inhibiciones o las conjeturas: "me va a rechazar", "tengo vergüenza", "no sé cómo empezar", etc.
  • Sorprender al otro. Y usar el sentido del humor para relajarse.
Lic. Diana M. Resnicoff
Psicóloga clínica. Sexóloga clínica
TE: (54-11)4831-2910
E-mail: [email protected]
Página Web: www.e-sexualidad.com

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Las mismas sustancias químicas que regulan en el cerebro las sensaciones placenteras generadas por el sexo, las drogas recreativas o la comida intervienen en el disfrute de la música, según un estudio que publica este miércoles la revista Nature.
La investigación, desarrollada por la Universidad McGill de Montreal, Canadá, permitió constatar, por primera vez, que el sistema opioideo influye en las áreas del cerebro humano que se activan con estímulos placenteros.
"Esta es la primera prueba de que los opioides propios del cerebro están directamente implicados en el placer musical", destaca Daniel Levitin, uno de los autores del estudio.
Los trabajos anteriores del experto y su equipo llegaron a producir mapas de las áreas del cerebro que se activan con la música, pero solo pudieron sospechar que esos químicos neuronales eran los responsables del placer.
Para este último experimento, los científicos bloquearon de manera selectiva y temporal los citados opioideos a través del uso de naltrexona, un medicamento empleado habitualmente en tratamientos para la dependencia de opiáceos y alcohol.
A continuación, midieron las reacción de los participantes en el estudio, 17 en total, a los estímulos musicales y constataron que incluso sus temas favoritos dejaban de generar sensaciones placenteras.
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Un sujeto dijo que sabía que la canción que acababa de escuchar era una de sus preferidas, pero que no le había producido las mismas sensaciones que en ocasiones anteriores y otro aportó: "Suena bien, pero no me dice nada".
La universalidad de la música y su capacidad para afectar profundamente a las emociones sugieren que existe un origen evolutivo, por lo que "estos nuevos descubrimientos aportan más pruebas sobre la base biológica evolutiva de la música", opina Levitin.
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En este sentido, se requirió a los 17 participantes que se sometieran a análisis de sangre en el año anterior al experimento, para comprobar que no tenían condiciones que podrían empeorar con el fármaco.
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