Soda Stereo volvió a hacer vibrar a su público luego de 10 años

Sociedad

Fue un gran show, a no dudarlo. Un show que se gestó en 10 de espera y que, por eso mismo, tuvo gran parte de la carga emotiva abajo, en el campo, en las plateas, en la entrada por Udaondo, en la llegada por Avenida del Libertador.

Hubo muchas, pero muchas, familias. Muchos matrimonios con hijos adolescentes. Como el caso de Carlos y Silvina (39 y 37 años, respectivamente) que asistieron con los chicos, Violeta (15) y Gustavo (11).

-¿El nombre del más chico es un homenaje a Ceratti? - le preguntó minutouno.com.

- La verdad es que el nombre nos gustó siempre, pero si, cuando Gustavo nació, era la última época de Soda-, contesta Carlos.

Y Violeta cuenta una anécdota que pone blanco sobre negro esta cuestión del traspaso generacional del rock: “Hoy una profesora me dijo que para qué venía a ver a Soda, si yo ni los conocí cuando tocaban, y yo le dije que con esa idea, nadie escucharía a Los Beatles, que dejaron de tocar hace mil”.

Y es que la banda de Gustavo Ceratti, Zeta Bosio y Charly Alberti convocó en su esperadísimo regreso, a tres generaciones de fanáticos: los que los vieron en sus orígenes, allá por los años ´80, los que crecieron escuchando sus canciones durante todos los 90, y los que despiertan al conocimiento del rock con el mito de Soda instalado en las radios, la tele y los reproductores mp3.

Sin embargo, la gran mayoría estaba compuesta por gente de entre 25 y 35 años. Y los más chicos, los de menos de 20 eran, por abrumadora mayoría, mujeres.

La canción no es la misma

Cuando el recital arrancó, con “Juegos de Seducción”, esas tres generaciones arrancaron al unísono y en el tiempo exacto: “Voy a ser tu mayordomo/ y vos harás el rol/ de señora bien”. Pero la canción necesariamente, no dice las mismas cosas para todos. ¿Qué pueden significar hoy esos temas musicales, que fueron íconos de la posmodernidad? ¿Cómo darle sentido a esas frases y esas melodías en este siglo XXI en que la propia palabra posmodernidad cayó en desuso?
 
En el mundo, y sobre todo en la Argentina, en estos diez años que nos separan del último recital de Soda, pasaron muchas cosas. Sobretodo, pasó la crisis del 2001 y pasó la violenta recuperación de la economía argentina. Quizás sea eso lo que dejaba un gusto a retraso, un sabor a cosa vieja, cuando la banda se empecinaba en repetir, perfectas y sincronizadas las mismas partituras de ayer.

Salvo algunas pequeñas excepciones, las canciones no acusaron recibo del paso del tiempo. Fueron, nota por nota, un calco de antaño. Pero como dijo el chileno, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

En la cancón “Telarañas”, Ceratti parecía burlarse de sí mismo: “Esto parece un museo de cera/ un simulacro demasiado real”.

En el recital de anoche ya no había ni rastros de los raros peinados nuevos que acompañaron los recitales en que la banda presentaba las canciones de su primer disco. No había labios pintados de negro, ni camisas cerradas hasta el último botón con lazo, ni cuadriculado blanco y negro (“cuadriculado sodaestereo”). Será por eso que cuando arrancó el segundo tema “Telekinesis”, las palabras sonaban más lejanas y la horda trigeneracional cantó con menos fervor.

Otro dato que marca el cambio de época: este recital de Soda, a diferencia del anterior, fue un recital, por ejemplo, poblado de celulares. “¿Dónde estás? Nosotras estamos al costado de la columna del sonidista” o cosas por el estilo se escuchaban constantemente. Los chicos se mandan besos por celular y sacan fotos de todo, de la gente, de los músicos, de los carteles, de las publicidades.

Pero sobre todo, hablando específicamente de música, el cambio fuerte desde la despedida de Soda, allá por el ‘97, fue el “rock chabón”. Esa tendencia que se gestó en los recitales, fogoneada por muchas bandas cuyo epígono fue sin duda Callejeros, que sostienen la filosofía que se resume en la frase “la fiesta es arriba del escenario y también abajo”.

Esa tendencia que implica cantar a voz en cuello todos los temas incluyendo las partes musicales, no era tan acentuada 10 años atrás. Por eso sonaba extraño el (imposible) tarareo iracundo de los comienzos de “Persiana Americana” o de “Nada personal”.

Uno de los grandes aciertos de este regreso fue el repertorio. Ya que la banda no tiene temas nuevos, (no piensan, ya lo aclararon, volver a componer juntos) por lo menos no cedieron a la tentación demagógica: Al lado de cada tema coreado hasta el éxtasis, que hubo y muchos, hubo muchos temas casi olvidados, de ésos que pasaron casi desapercibidos entre la enorme discografía de Soda.

Un gran show, a no dudarlo. ¿Cómo no va a brindar un gran show una banda que podría tocar 4 horas ininterrumpidas presentando sólo hits?  Difícil de creer.

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