¿Todos somos barrabravas?

Sociedad

*Cada domingo cientos de trabajadores, profesionales y oficinistas, que son pacíficos en su vida cotidiana, cambian el traje y la corbata por la camiseta y se "transforman" cuando llegan a la cancha.
*minutouno.com habló con distintos especialistas y fanáticos para conocer qué les pasa a los devotos de esa inexplicable religión llamada "fútbol".

“Yo voy a la cancha y si perdemos me enveneno”, “la planificación para ir al estadio empieza el mismo domingo cuando termina el partido” o “para mí los fines de semana la única actividad que no puedo correr de la agenda es ir a la cancha”.

En días en que parece que hablar de fútbol remite a analizar la violencia o los negocios de los barrabravas y dirigentes, minutouno.com pone la lupa en los cientos de trabajadores, profesionales y oficinistas que los domingos cambian el traje por la camiseta y "se transforman" en la cancha.

El fútbol es el mejor ansiolítco: en lugar de pelear con la mujer o el jefe, descargas las tensiones en la cancha el domingo    

Distintos especialistas intentan analizar qué pasa con los devotos de una inexplicable pasión por esa religión llamada fútbol. Gente que es tranquila y pacífica en su vida cotidiana, pero afloja todas sus frustraciones en el espectáculo deportivo y grita, insulta y hasta se pelea con otros.

El fútbol es el mejor ansiolítico: ante la tensión que producen las obligaciones y problemáticas diarias, en lugar de pelearte con el jefe, con tu mujer o familia, esperás el domingo y descargás todas las tensiones gritando y puteando”, es la descripción que dio el psicólogo especializado en deportes Jorge Rocco.

Ampliando la explicación, el sociólogo y director de Cultura de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Guillermo Levy, asegura que el fútbol reemplaza el desencanto que las personas tienen por la realidad. “En otra época la gente sentía fanatismo por valores religiosos o políticos, hoy esos espacios quedaron vacíos y fueron reemplazados por el fútbol”, aseveró.

Lo cierto es que la cancha es un espacio de catarsis de cientos de personas que quieren dejar de lado el stress y concentrarse en el redondo objeto.

Pero según Rocco el problema con el hincha surge cuando en lugar de alentar a un equipo
 “En otra época la gente sentía fanatismo por valores religiosos o políticos, hoy esos espacios quedaron vacíos y fueron reemplazados por el fútbol”    
se llega al fanatismo. “El hincha fanático no tolera la realidad, no puede razonar que el otro equipo gana porque juega mejor, sino que siente que le robaron lo que es suyo, en este caso la victoria”.

“Allí insulta y hasta le pega al otro porque siente que le robó algo, tiene que descargar con violencia. Es decir que tiene una lectura de la realidad distorsionada”, remató.

Pero el fútbol no puede ser separado de la realidad en la que se juega. “La sociedad argentina es muy violenta en todos los ámbitos. Actualmente, se habla de ese violencia en los estadios pero también existe en los medios de transportes y en la calle”, dijo Levy.

“El fútbol es una descarga emocional de los hinchas, pero no puede separarse del modelo social en el que se enmarca y está atravesado por la crisis política, económica y social que tiene el país”, agregó Rocco.

¿Qué dice la tribuna?

Gastón es hincha fanático de Boca y recorrió el país siguiendo a su equipo, ya que no se pierde un partido como local o visitante. Para él es una pasión “compartida en familia”. “Es algo incontrolable, muy difícil de manejar, tengo que ir a todos lados a ver a Boca, como algo ritual”. “Yo voy y libero tensiones”, definió.

“Lo que me molesta es la gente que putea al equipo, yo no lo hago porque estoy agradecido a mi equipo, porque nos dieron satisfacciones como para no putear por 10 años”, exageró el hincha.

“Con respecto a la violencia, es cierto que a veces tenés ganas de putear y pegar al otro pero si tenés dos centímetros de sesos te controlás”, reflexionó.

Otro hincha que comparte la pasión pero desde la vereda de en frente, es el fanático "millonario" Cristian, que durante la semana trabaja como despachante de aduana,  pero sólo tiene tiempo para su equipo los domingos. “Ir a la cancha es la expectativa de toda la semana. Es ir a desconectarte y no pensar en otra cosa que en el partido”, afirma.

Si perdés te envenenás, los que dicen que les importa que el equipo juegue bien, mienten. La satisfacción por perder jugando bien no existe”.

¿Por qué nos gusta tanto el fútbol? Un espacio para descargar tensiones, para disfrutar en familia y una pasión compartida. Todo eso es el fútbol. Una realidad bastante diferente a la que protagonizan grupos violentos cada domingo, pero que no son los únicos que forman parte de la tribuna.

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