Trabajar en casa: el riesgo de alterar a las mujeres y su entorno

Sociedad

* La mayoría son mujeres profesionales que completan una jornada laboral pero desde sus hogares.
* El riesgo se corre cuando convierten todo el hogar en una oficina que produce roces con sus maridos.

Decir que hoy en día la mujer trabaja y que ya no dependen de terceros para llegar a fin de mes resulta una obviedad. Ahora la novedad es que muchas profesionales lo hacen desde su casa. Dedican muchas horas a su actividad y muchas veces sus parejas les reclaman el descudido de las tareas domésticas que, según el mandato social, deberían realizar.

Con el avance de la tecnología son cada vez más las mujeres --hay hombres que también lo hacen pero en menor cantidad--, que convierten a su hogar en un consultorio, una oficina, y hasta una miniempresa, situación que tiene como principal beneficio la posibilidad de poder estar más tiempo con sus hijos y estar más atentas a su desarrollo. Pero no todo parece ser color de rosa.....


"Es cuestión de que uno organice su vida"



“Hubo que acostumbrar a la familia a que trabajaba acá. Al principio fue muy difícil porque siempre hay muchas cosas para hacer en la casa y se suelen mezclar actividades hogareñas con las laborales. Es cuestión de que uno organice su vida”, expresó Sonia Boiarov (46) , licenciada en Relaciones del Trabajo, que desde hace más de 10 años trabaja desde su casa como analista de remuneraciones para empresas.

Para José Eduardo Abadi, médico psiquiatra y psicoanalista, el hombre se anima cada vez menos a exigirle a la mujer que trabaja que además cumpla con las tareas hogareñas. Sin embargo, opinó que “hay pensamientos trasnochados que pretenden una sumisión de la mujer ya que no valoran su trabajo profesional y le exigen dedicación full time a la casa”.

Como consecuencia de esta nueva moda laboral hay algunas mujeres que tienen roces con su maridos. En otros casos, en cambio, ellos toman ese crecimiento profesional con mayor naturalidad.



En el caso de Boiarov ella cuenta con una señora que todas las tardes realiza esas tareas. “Mientras que todo esté en armonía no hay problema sobre quién hace las cosas me dice mi marido”, contó.

Mas problemas por trabajar en su hogar tiene Maria Teresa Bessia (52), que hace unos años se dedica a la venta directa de productos a través de Internet. Madre de cuatro hijos de los cuales dos son menores y necesitan de su atención, divide su día entre su trabajo, los hijos y la casa.

Uno de los mayores inconvenientes que se le presentan es cuando se acumulan cosas sin hacer en la casa, como por ejemplo cuando queda mucha ropa sin planchar. Sin embargo los momentos de mayor tensión se producen en el horario de la cena.

“Si son cerca de las 10 de la noche y todavía no estamos comiendo mi esposo me hace señas con las manos para que me apure. Yo lo único que les pido es que me ayuden para poner la mesa”, dijo.


 


No convertir la casa en una oficina



Para Abadi,  es importante que las casas de estas mujeres no se transformen en una oficina ya que consideró que el principal peligro es que no haya límites, ni espacios independientes para el trabajo.

Si bien Boiarov solía trabajar en la habitación de servicio donde montó una pequeña oficina, desde hace un tiempo adquirió una computadora portátil y su trabajo se traslada muchas veces al living o al dormitorio, situación que enoja a su marido.



“A él le molesta porque estoy ocupando espacios que son para otros.  A veces ando por cualquier lado y tengo que respetar el lugar de todos. Es un déficit mío que lo estoy puliendo”, dijo.

Para el psicólogo es fundamental  poner los límites para que esto no suceda ya que según su opinión el hombre puede sentir que no vuelve a su propia casa sino a la oficina de su  mujer.

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