Super Pancho - Parte 3

*Historias y escándalos de barrios privados, lo que todos saben pero pocos se animan a contar.
*Por Santiago Ordoñez Zemborain.

Télam
Por Télam
De manera que ella, ya madura y algo vivida, dejó que la cosa siguiera sin pretender ponerle una etiqueta a la relación. A veces pensaba que estaba viviendo una aventura divertidísima llena de excitación y sensualidad. No quería adelantarse. Pero creo que en su fuero íntimo sabría que no iba a poder prescindir de aquel amante salvaje, gentil, y de las piezas que lo componían. La pieza.

Se divertían ambos con sus diferencias. Aspectos que a ella le hubieran significado la descalificación inmediata en otra oportunidad, ahora eran oportunidades de educar a su… a Rubén. El tenía todos los elementos de un diamante en bruto: valores morales y decencia intactos (“de donde viene,  y cómo pudo mantener este nivel de inocencia ante el mundo, y en esta Argentina corrupta” se preguntaba Romina). Una inteligencia no trabajada por la educación ni los libros, pero presente y evidente ante el menor acicate que la moviera. Además de la gracia que había encantado a Romina en primer lugar, su picardía y la velocidad con que sus músculos se desplazaban al andar, la firmeza con que la tomaba al caminar por la calle, la mirada protectora que la hacía sentirse como nunca pensó que podría serlo en brazos de un hombre. Los pálidos sucedáneos, candidatos y noviecitos que la habían rondado jamás habían dado la talla. Con él sabía que tenía un lugar en la tierra, y por fin encontraba su casillero.

La rapidez mental del joven y su integridad moral y hasta intelectual constituyeron la base sobre la que ella pudo construir. No había ninguna pretensión en él de saber lo que no sabía ni ser quien no era. De manera que sobre esa “tabula rasa”, esa pizarra casi vacía de conocimientos librescos y culturales, ella construyó. Y fue una tarea fácil y agradable para ambos: ella guiaba y él seguía. Leía cuando esperaba clientes en la remisería o en el aeropuerto. Iban juntos a algunos espectáculos cuya complicación y sofisticación Romina fue graduando sabiamente para mantenerlo interesado. Pygmalión nuevamente resurgido, se impuso hacer de él un hombre nuevo en parte porque la tarea era excitante y el alumno dotado de manera espléndida (esta palabra que tiene tantas acepciones describía a Rubén por lo menos en dos de ellas). Era muy inteligente y absorbía la información a velocidades asombrosas. 

A medida que la relación progresó, dos cosas se hicieron evidentes para ambos. En primer lugar no era, definitivamente, una aventura divertida de cama y risas. Era eso, sí. Pero mucho más estaba cocinándose entre ellos. Por otra parte, iba a ser difícil mantener el secreto. Especialmente porque la relación avanzaba y los devoraba a ambos. Exigía más y más tiempo juntos. Ninguno de los dos pensaba en otra cosa que en el momento del día en que por fin pudieran acariciarse, tocarse, decirse lo que se querían. De manera que Romina se hizo un plan cuidadoso para introducir gradualmente a Rubén en su círculo social.

Nada fue como lo había planeado, así suele suceder. Bastó que presentara a su nuevo “boy-friend” como dijo intentando alivianar la situación, para que se desatara el infierno. La noticia se extendió enseguida. Además, ella no podía prescindir de la presencia de Rubén y después de tres fines de semana angustiosos, lo llevó al Country. Allí, terminaron de conocerlo los que aún no lo habían hecho en Buenos Aires.

La madre de Romina y una abuela que todavía opinaba estaban horrorizadas. Jamás  se habían imaginado algo así para la perla deliciosamente cultivada que era su orgullo y única hija (o nieta). El padre, Don Esteban lo tomó con más filosofía. Hombre que había vivido y conocido tantas vidas ajenas,  sabía que nada era impensable y aún de tantos casos de parejas “perfectas” que terminaban en desastre. Dejó hacer y en pocas semanas llegó a simpatizar con Rubén. La personalidad del que iba en camino de convertirse en su yerno lo atraía por esa animalidad inminente que transmitía. Y contemplaba azorado la rápida transformación que – Romina mediante- se operaba en su personalidad. De muchacho de barrio iba convirtiéndose con las semanas en un ser si bien no refinado, por lo menos atento, conocedor y fino evaluador de  las costumbres de los ricachones que pululaban por el Country. Supo rápidamente que no lo haría quedar mal, y que, si ése era el elegido por su hija, no habría mayor caso en oponerse. La juventud de ambos, la potencia de él y la voluntad de su hija, constituían una fuerza arrolladora a la cual mejor plegarse que oponerse vanamente.

Romina tenía un buen grupo de amigos de toda la vida en el Country, iba allí desde que era un bebé. Todos acabamos recibiendo bien a Rubén, tras un comienzo algo forzado. Al principio creímos que era una especie de broma, o un capricho de nuestra amiga. Pero pronto, las mujeres primero, se dieron cuenta que había valores inestimables en la adquisición que traía consigo. El tipo se impuso a fuerza de pura habilidad y simpatía. En poco tiempo tenía ganadas a todas las mujeres que hasta veían con cierta envidia a Romina. Los muchachos, tambien caímos ante la seducción del recién llegado. Para eso, bastó verlo en la cancha de fútbol, primero en un par de amistosos y después ya casi deseando poder incorporarlo al equipo del Country que tanto necesitaba un jugador como él. En la cancha rendía y generaba goles. Y después… nunca desentonaba. Había aprendido rápidamente todos los códigos y los había incorporado. Súmesele su habilidad natural y simpatía para el discurso liviano, se hizo uno de nosotros rápidamente.

Fue en el vestuario, en las duchas más precisamente tras aquel primer partido de prueba en que nos deslumbró con su rapidez, habilidad y genialidad para el toque. Allí fue, digo y al principio cada uno miró y sacó sus propias conclusiones. El tema era delicado. Y no teníamos confianza con Rubén. Pero después, en grupos más pequeños no se pudo evitar hablar del asunto. Empezaron las bromas primero con timidez, después con cierto desparpajo.

- Ah… ahora entiendo que Romina esté muerta por Rubén – chanceó el Gordo Racanti-. Con ese pedazo hasta  creo que yo me le acerco y me pongo mimoso- y ponía cara de payaso enamorado.

Efectivamente Rubén estaba… decir “bien dotado” es lo que llaman un “understatement”, una afirmación escasa. Nunca había visto un órgano semejante. Me averguenza entrar en detalles. Baste decir que si uno dejaba caer una mirada casual, inmediatamente debía volver sus ojos, para confirmar que la primera impresión había sido correcta. No bastaba verlo una vez para creer en su existencia real. Ambas dimensiones  representadas generosamente. El crecimiento parecía haberse detenido justo antes de caer en lo excesivo. Pero justo antes. Nunca había imaginado que pudiera existir un aparato como aquel. Me vino a la mente aquella vieja discusión sobre si el tamaño importa.

Recordemos que a los que dicen que el tamaño es todo, se oponen quienes – por algo será – sostienen que no importa ni largo ni grosor, todo está en la habilidad con que se use el instrumento. Difícil decir quien tiene la verdad. Digamos difícil hasta que uno veía el de Rubén y comprendía que no había nada que hacer para competir con aquella boa ancha y larga que lucía con todo desparpajo. No le extrañaba sorprender las miradas subrepticias que arrojábamos en cuanto lo teníamos delante, en aquellas duchas largas y relajantes tras los encuentros de fútbol. Y no se apuraba, dejándose envolver por el agua caliente y cerrando los ojos para evitar el jabón. Sabría que los demás los manteníamos abiertos observando tamaña maravilla, evaluando los efectos devastadores que podría causar en cualquier mirada femenina y, porque no decirlo más de una masculina, aunque me apresuro a declarar que no es mi caso ni mi interés. Lo mío es sólo académico.

No cabía duda para nosotros que cualquier mujer que viera aquello, querría probarlo. De manera que se convirtió en un secreto a voces, que contribuyó, curiosamente, a integrar a Rubén al Country.

No sé a quien se le ocurrió bautizarlo “Super Pancho”. De ahí, a Super, a que las mujeres o aquellos que no habían tenido la oportunidad de apreciar aquella maravilla preguntaran… en pocas semanas todos sabían de aquello. Super Pancho, Super, también lo llamábamos EsPi por las iniciales SP en inglés, cuando ya la novedad había pasado y había que pedirle una pelota en las canchas de tenis, o un pase en la de fútbol.

- Ché, EsPi, pasáme una Dunlop 3.
O bien
- Super y Romina salen esta noche con los Otranto. Se corren hasta Pilar a cenar y el cine.
- El Super Pancho dijo que el domingo no puede jugar, tiene un compromiso en Capital.

Tanto Super, y Super Pancho o el más discreto EsPi acabaron por hacerse conocidos y su significado también.

Al parecer, y estos ya son trascendidos menos seguros, nadie lo pudo afirmar con certeza, el maldito también tenía la habilidad requerida para manejar el prodigioso instrumento, y ésta en alto grado. De manera que no había con que darle. Si era por tamaño ni hablar, pero el know- how también estaba allí.

- Suerte que tiene Romina. Que le aproveche- decía más de una. Algunas con buena predisposición, contentas de ver a su amiga con aquel hombre envidiable, seguro, protector y prototipo del macho deseado. Otras, con mala leche.

CONTINÚA EL PRÓXIMO VIERNES

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