Un hombre del presidente. Parte 1.

*Una reunión cumbre entre Bush (padre) y el presidente de Argentina, un partido de golf y una apuesta que dará que hablar...

Tadeo Evangelista ascendió del anonimato al poder casi absoluto durante el gobierno del último presidente peronista antes de la crisis del 2001. Desde 1990 y hasta el final fue secretario privado y Factótum. Nadie accedía al despacho del presidente sin que “Gorila” Tadeo lo autorizara. Lo llamaban así por su caminar bamboleante, fruto del hombro izquierdo roto y nunca bien soldado en algún accidente.

Y después, nadie competía con él en la confianza del líder. Las tareas que requerían confianza y reserva, eran siempre para Tadeo. La que valoraron siempre por encima de todas fue la lealtad. Y en eso Tadeo fue el primero. No se sabía de donde venía, ni cómo había conquistado la intimidad del mandatario. Pero yo, y algunos pocos más, sí que sabemos porque estuvimos presentes allí, cuando sucedió el hecho.

En Diciembre de 1990 George H. W. Bush (el padre) visitó Argentina siendo Presidente de los Estados Unidos. Vino a promover los intereses de empresas americanas en el incipiente proceso de privatizaciones que Argentina estaba iniciando. Todo se pasaba a manos privadas, y los europeos llevaban la delantera en el Agua, los Teléfonos, Aeropuertos, Rutas, Empresas eléctricas. En fin, se sabe que los norteamericanos querían su porción de la torta.

Bush estuvo dos días negociando y haciendo su trabajo. Y el tercer día descansó. Las conversaciones no habían sido muy fructíferas porque ya los tratos con los europeos estaban casi cerrados, y todo arreglado, pero eso no impidió que ambos presidentes se entendieran bien en lo personal.

La embajada nos había solicitado facilidades en el country que presido para cerrarlo y permitir que los presidentes y una pequeña comitiva, jugaran al golf la mañana del jueves previa a la partida del americano.

Nuestro country se precia de tener la mejor cancha de golf de Argentina, con excepción del Golf Club de Mendoza. La nuestra fue diseñada por Andrew Nolte, la máxima figura mundial en el oficio y cuenta con pendientes, frees, holes y waterpoints y una arboleda imposible de encontrar en Sudamérica. Esto le ha permitido ser parte del WGT Worldwide Golf Tournament que es una especie de torneo mundial del deporte.

Bush, un fanático del golf quería jugar en esa cancha, y nuestro presidente, también atrapado en el deporte de la pelotita desde hacía años, estaba encantado. Ambas comitivas llegaron a eso de las 10 de la mañana, y yo, como humilde presidente del country, recibí a ambos presidentes "de verdad", que me dieron la mano amablemente. Conversamos un rato apenas decente y los guié hasta la cancha que había sido convenientemente desocupada de otros usuarios.


 


En el Start, cuando todo estaba por empezar, éramos unas 30 ó 40 personas:  el ministro de Economía, el ministro de Obras Públicas,  el de Interior, funcionarios de alto nivel, custodias, alguna autoridad menor, y los únicos 6 periodistas que habían sido invitados. Y al final, en tercera fila, Tadeo Evangelista. Nadie lo conocía bien, era chofer y formaba parte de la custodia presidencial desde hacía algún tiempo. Serio, callado, sólo se sabía que había conocido al mandatario conduciendo rallies y ganando siempre merced a un manejo audaz y preciso de cualquier tipo de automóvil. Eso lo había convertido en el chofer principal del equipo presidencial, donde lo llamaban “el súper chofer” “un Gálvez personal”.


Los dos jugadores empezaron sus ejercicios para estirar y aflojar los músculos. Iba a empezar el recorrido de los 18 hoyos. El primero hoyo, “el 1” nos esperaba. El famoso hoyo 1 conocido y comentado en todo el ambiente golfístico como “el 1”. Era un tiro “fácil” pero endiablado. No había obstáculos entre el tee y el hoyo. Ni lagunas, ni árboles, ni trampas de arena. Nada: sólo 300 metros planos de pampa húmeda. El hoyo 1 de nuestra cancha es la prueba casi perfecta para determinar la calidad de un jugador de golf. No hay nada que pueda aducirse para el error: sólo están el jugador, el hoyo y la pelota.


 


Nuestro presidente alzó la mirada, evaluó la distancia y se dispuso a golpear la pelota. Se inclinó, hizo un par de balanceos y cuando estaba por pegar, detuvo el movimiento.

- ¿Qué dice usted Presidente Bush? ¿Cómo ve nuestro famoso hoyo 1? ¿Podrá hacerlo en los 3 golpes que es lo que marca la cancha? ¿Tiene la calidad necesaria? Sólo pocos pueden hacerlo.


 


Cada hoyo tiene un “par” que es el número de golpes en que teóricamente se puede hacer el hoyo. Bush se sorprendió pero sólo un momento.

- Bueno Presidente, usted sabe que vengo de sufrir una gripe, y hace tiempo que no juego. Más que nada quería conocer la cancha y jugar un rato.

- Pero mi querido amigo. Usted juega hace décadas, y yo hace sólo 5 años. ¿Qué le parece si hacemos una apuesta como se acostumbra entre amigos golfistas? -Insistió el presidente argentino, muy campechano.

- ¿Una apuesta? ¿Cómo sería? -preguntó Bush.



- Bueno, gana el que hace el hoyo 1 en menos golpes, como es lo habitual.

El grupo que rodeaba a los mandatarios sonreía ante la familiaridad con que ambos se movían, pese a las dificultades de los días previos y las negociaciones truncas.

- No sé -dijo Bush-  como le dije, hace tiempo que no juego, y una apuesta…¿Qué quiere usted apostar?

- No sé Presidente, dígame usted algo que valga la pena ganar…-dijo pícaro nuestro mandatario.

- Bueno -dijo Bush- si usted gana le enviaré los doce Helicópteros Sicorsky y doce F16 último modelo tecnología de punta para su Fuerza Aérea. Usted tendrá la Fuerza mejor equipada de Sudamérica.

Ya todos prestábamos atención. Ésto era importante. En efecto hacía un año que Argentina luchaba por conseguir este material de los americanos. La decisión depende en estos casos del Presidente. Y Bush la estaba ofreciendo.

- Bueno, le agradezco. Me siento muy honrado.  Y para corresponder, si yo pierdo, la Bell South tendrá la concesión de los teléfonos de Argentina -dijo el presidente argentino.

Esto, que parece broma, lo presencié yo, con estos ojos, y lo oí con estas orejas. Y 40 ó 50 personas más. Entre ellos periodistas. ¡El presidente estaba apostando la concesión de los teléfonos de Argentina!

¡Como si fuera un rey medieval! Una cosa era lo que ofrecía Bush, potestad de él, y otra lo que nuestro irresponsable incontinente estaba prometiendo: ya todo estaba arreglado: los teléfonos irían mitad a los franceses de Telecom, mitad a los españoles de Telefónica. Los contratos listos a firmarse, las coimas pagadas, todo listo, y ahora esto…

- Bueno, creo que tenemos un trato -dijo Bush.

- Usted primero…-invitó el argentino.

FIN DE LA PRIMERA PARTE / Continuará…


 


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