Una de dos: o medís o volás
*Ahora le tocó el turno al programa de Florencia Peña, que al no haber alcanzado el rating esperado, se levanta de la pantalla. Una muestra más de que en la tele, hay cada vez menos tiempo para el ensayo-error. ¿Y en la vida real, cómo andamos?
Dime cuánto mides y te diré cuánto duras: ésa es la regla general en la televisión. Para prueba, lo que acaba de ocurrir con la sitcom que protagoniza Florencia Peña en Telefe: después de cambiarla varias veces de horario y de probar con algunas vueltas de tuerca para la trama y los personajes, decidieron levantarla. Así, “El amor en los tiempos del triángulo. Una de dos”, llega abruptamente a su fin tras 14 entregas en las que el rating promedio no llegó a los 10 puntos.
Es semejante a lo que sucedió, también en Telefé, en 2007, con “El capo” y antes, en Canal 9, con “Gladiadores de Pompeya”: lo que no mide, vuela. El paradigma de esa ley no escrita es, sin dudas, “A todo culorr”, el ciclo de Alfredo Casero, que se estrenó en enero de 2006, en Canal 13 y duró una sola emisión.
Las playas son otro escenario de una cultura con los pies en el acelerador: las vacaciones de un mes o quince días son historia. Ahora, quienes disponen de dinero para acceder al veraneo optan por escapadas de un promedio de seis o siete días, con celular y notebook incluidos por temor a quedar desconectado de lo que esté ocurriendo en la ciudad que habitan.
Las disputas familiares por la clásica escena de los adolescentes colgados del teléfono durante largas horas es parte del pasado. Ahora los chicos casi no hablan: prefieren la sintética comunicación que les permiten los mensajes de texto.
Está claro: vivimos como si la vida no fuera más que una fuga hacia delante. Cada vez más rápida, cada día menos paciente. El hombre se adapta a todo. En consecuencia, los habitantes del siglo XXI nos hemos vuelto expertos en el arte de atender las urgencias. Y la cultura se las ingenia de maravillas para convencernos de que cualquier pavada merece que la resolvamos con la premura de un médico de guardia. La pena de todo esto es que en el ajetreo por dar respuesta a lo que nos presentan como urgencias a menudo, desatendemos lo importante.
A propósito de esta carrera colectiva, hace unos días me llegaron malas noticias de parte de un gran escritor, Julian Barnes. Los cuentos de su libro “La mesa limón” me obligaron a caer en la cuenta de que la vejez y la muerte también corren más rápido de lo que imaginamos. Entonces, perdida por perdida, tomé una decisión: que ninguna de las dos me sorprendan de pronto con todas las urgencias al día y lo importante haciendo cola en la lista de espera.
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