Una sensación increíble

*Sensation White es uno de los eventos más grandes de música electrónica a nivel mundial.
*T. Night estuvo allí y nos cuenta de qué se trata.

Sensation White es uno de los eventos más grandes de música electrónica a nivel mundial. La fiesta nació en 2001 en Ámsterdam, en los últimos años fue ganando su lugar y su popularidad.


 


Anualmente, gracias a que se hizo tan masiva, se hace en estadios de diferentes países de Europa y se planea en llevarla al resto de los continentes (se planea traerla a la Argentina, en el Estadio Monumental de River Plate).


 


La particularidad de esta fiesta (para quien no tiene idea de su existencia) es que tocan varios de los mejores djs del mundo, y absolutamente todo el mundo esta vestido de blanco (si no vas así, no te dejan pasar por mas que hayas pagado la entrada). También hay una edición black, pero no obtuvo tanta popularidad. Sólo se hace en Ámsterdam, en julio y una semana después de la White.


 


En esta ocasión, aproveché que iba a visitar a mi amigo australiano Joshua a Praga y como justo agarraba la fiesta allá durante mi viaje, me hice presente en el Sazka Arena, en República Checa. No quería perderme la oportunidad de sentir en persona lo que se vive en un acontecimiento como éste, junto a 15 mil personas de todas partes del mundo.


 


Como ya estaban agotadas desde hacía mucho tiempo las entradas normales (de un valor cercano a los 45 euros), nos tuvimos que quedar con las Deluxe (104 euros) que incluía pase a uno de los sectores VIP, con lunch y bebidas incluidas en el precio del ticket.


 


La fiesta empezó a eso de las 21, y nosotros llegamos bien temprano porque no nos queríamos perder de nada. La primera sorpresa fue la comida, ya que no eran unos simples sándwiches de miga, como pensé.


 


Había todo tipo de comidas, desde unas ensaladas hasta carnes por ejemplo. En cuanto a bebidas teníamos para elegir lo que queramos, sea agua, cerveza o tragos. Mi amigo Joshua andaba con un poco de hambre, así que cuando entró a nuestro sector se comió cinco postres seguidos.


 


El estadio era algo impresionante por la forma en la que estaba decorado. La cabina estaba ubicada en el medio de la pista, con luces que le salían de todas partes y giraba en círculo mientras cada dj tocaba. Sobre el mismo había un globo enorme y alrededor se veían cuatro columnas transparentes con una iluminación que no podías parar de mirarla.


 


Luego te encontrabas unas especies de terrazas (seis) para 20 personas cada una, a las que accedían los que compraron la entrada VIP Golden de un valor cercano a los 139 euros (ya inalcanzable para un argento como yo). Nuestro sector estaba situado en la parte de plateas del estadio, y con la entrada más barata sólo podías pasar al main stage (pista principal).


 


A nivel musical, fue impresionante. La calidad de sonido fue de los mejores que escuche en mi vida. La fiesta la abrió el dj Local Michael Burien, quien fue seguido por Sebastián Ingrosso y unas horas más tarde por el francés residente de Ibiza, David Guetta. Con éste último la gente se excitó muchísimo ya que su característica principal es pasar temas bastante conocidos (recuerdo una buena versión de By The Way, de los Red Hot Chili Peppers).


 


Tras los primeros discjockeys, se hace una especie de intervalo de unos 20 minutos con un megamix de los temas más populares del año anterior (es música funcional, sin un dj que toque en vivo).


 


Cuando finaliza esa parte del show, una voz en off hace una presentación para que arranque la sensación mundial de las bandejas: el holandés Armin van Buuren (pronto a visitarnos en Argentina).


 


Una vez terminado el set del segundo mejor dj del mundo según el ranking mundial (y la estrella de la noche), se hizo cargo de la cabina el dúo de San Francisco, Gabriel & Dresden. Tras ellos, el último turno fue para Sander van Doorn, quien cerró la fiesta con su Trance que no te deja parar de bailar ni un segundo.


           


El público me recordó a las viejas épocas de la electrónica. Todo el mundo súper respetuoso, sin empujar, bailando cómodos. Las mujeres, preciosas, pero las argentinas no tienen nada que envidiarles.


 


Sensation White terminó a las 7 de la mañana. A esa hora, la verdad que ya no tenía fuerzas para pasar por el sector de merchandising para traerme algún “souvenir” de recuerdo (mi billetera agradecida).


 


Realmente fue una experiencia inolvidable, de esas que hay que hacerlas y hay que vivirlas sin importar cuando valgan. Ojala algún día pueda repetirla, ya que quedé impresionado con lo que es un evento del primer mundo.

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