*En un fútbol dominado por el marketing y las cifras obscenas, ya no se juegan por los colores. *El hincha se acostumbró a equipos efímeros, ídolos fugaces y caudillos precoces.
Lejos quedaron aquellas viejas épocas en donde un jugador debutaba en un club, se convertía en ídolo y después de muchos años tenía su retiro a toda orquesta con los colores de siempre. Lejos quedaron aquellos equipos del recuerdo que salían de memoria. Lejos quedó el amor por la camiseta de otros tiempos.
Las cosas claras: el amor por la camiseta fue velado, enterrado y ya a nadie se le cae una lágrima por su recuerdo. En un fútbol dominado por el marketing, los millones y los infladores mediáticos, los colores están completamente desteñidos.
Parece que sólo a los hinchas les interesa la camiseta. Pero sufren con equipos efímeros, ídolos fugaces y caudillos precoces.
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Ya lo había dicho Juan Pablo Carrizo: “El amor por la camiseta ya no existe. Esto es un negocio y es normal que alguien quiera progresar. Los jugadores ya hace tiempo que no juegan por la camiseta. Todos queremos ganar en el club que estamos, pero luego cada uno busca su beneficio personal”.
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Hasta los códigos se borraron. Antes, jugar en Boca y en River era sinónimo de traición, de condena social, de mala palabra. Hoy es moneda corriente. Aunque le duela al hincha, el amor por la camiseta está muerto.
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