Y bueno, nada... ¿sí?... digamos... o sea... ¿sí?

*Uso y abuso de las muletillas. ¿Cuándo empiezan a hacerse insoportables?

Todos sabemos que las muletillas forman parte casi inevitable del lenguaje coloquial de los argentinos. Y sabemos también que ellas integran un grupo de errores idiomáticos agrupados bajo el nombre de monotonía, cuyo significado no es solamente “hablar en un mismo tono, aburrido”. No. También se es monótono cuando se carece de términos para incluir en el discurso oral y se repiten vocablos. Es algo muy común entre nosotros utilizar hasta el abuso el verbo hacer y el sustantivo cosa/o. Fíjense que, para muchas personas, todo se hace: hacen una torta, hacen una carta, hacen una casa... en lugar de cocinar, escribir (ni siquiera se exige redactar), construir. Y lo mismo, cuando nos referimos al cosito ese que va en el coso de la cocina... Por supuesto, nadie tiene por qué conocer el nombre técnico de cada elemento, pero muchas veces se abusa de estos términos.


 


Las muletillas, como todas las palabras, tienen su moda: lo que empezó siendo simplemente una eeeeeee alargada, terminó alternando con el esteeee y con el adjetivo bueno, muchas veces utilizado innecesariamente en el comienzo de oración. Hace algunos años, apareció la molestísima digamos, usada hasta el cansancio en medio de cualquier exposición y que casi desplazó a las consabidas ¿no?, ¿no es cierto? (que derivó en ¿no´cierto?), ¿viste? (o lo peor: ¿vistes?) y oraciones más extensas como ¿qué te iba a decir? y no sé si me explico, que terminó sus días reducida a ¿entendés?


 


Más acá, aparecen otras como vale (importada de España); una nacida del mundo de la docencia: ¿sí?, reiterada hasta el cansancio en medio de una explicación (ver la mayoría de los programas de Utilísima).


 


Pero la última moda en materia de muletillas la representan la adolescente boludo (ya sin valor de insulto, incluso diría que con un dejo de afecto), apocopada en bolú (¡qué feo queda en boca de hombres que pasan los 40!, ¿vieron?); el vocativo loco que alterna con fiera; otra española: nada (o na’), que hemos podido apreciar en su forma italiana a través de niente y la más nuevecita de todas: a ver... expresión que suelen usar las personas cuando deben comenzar a hablar sobre un tema que se supone que manejan bien y utilizan con valor de... “¿y ahora, qué carajo digo?”.


 


Todas estas palabras y expresiones, oportunamente incluidas en la oración no tienen nada de malo; lo incorrecto es abusar de ellas, reiterándolas hasta el cansancio y haciendo que quienes están oyendo las noten. Y ese es el síntoma de que estamos transformando esa inocente palabra en una molesta muletilla.


 


Faltan muchas que seguramente nuestros lectores se encargarán de señalar, pero cualquiera de ellas afean nuestro discurso oral y no nos dejan bien parados. No sé si me explico...

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