La Iglesia no se abre al matrimonio gay, pero hay avance para recibir a los separados
El Vaticano difundió un documento en base a las opiniones de los obispos de todo el mundo, que servirán para definir el Sínodo de la Familia. "No existe fundamento para asimilar analogías entre las uniones homosexuales" y las heterosexuales", afirma.
El Vaticano considera además que "la realidad de la adopción debe ser valorada y profundizada, también en el seno de la teología del matrimonio y de la familia".
Las discusiones del Sínodo de octubre próximo estarán guiadas por este documento, el "Instrumentum Laboris", redactado con las respuestas de las conferencias episcopales al cuestionario enviado desde la Santa Sede (lineamenta) y con el informe final del Sínodo Extraordinario del pasado octubre.
Articulado en tres partes, este informe repasa otros temas del ámbito familiar como la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, la viudedad o las parejas de diferente culto.
Sobre los homosexuales, reitera el resultado del Sínodo Extraordinario, que consideró que "no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías entre las uniones homosexuales" y las heterosexuales.
Sin embargo añade como novedad que "los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y delicadeza" y considera "deseable" que los proyectos pastorales diocesanos reserven "una atención específica al acompañamiento de las familias" que cuentan con miembros homosexuales.
En relación con la eutanasia y el aborto, el Vaticano insiste en que "la vida es un regalo de Dios y, por eso, no se pueden descartar ni su comienzo ni su estado terminal",
"Al contrario, es necesario asegurar a estas fases una atención especial. Hoy, demasiado fácilmente, 'se considera al ser humano como un bien de consumo que se puede usar y tirar'", dice el documento parafraseando la exhortación apostólica del papa Francisco, Evangelii Gaudium (La alegría en el Evangelio, 2013).
Y añade: "Es tarea de la familia, apoyada por toda la sociedad, acoger la vida que nace y ocuparse de su última fase".
La viudedad, para los obispos, es "una experiencia particularmente difícil para quienes han vivido el matrimonio como un regalo del Señor" y, en el caso de que no cuenten con más familiares, "deberán ser apoyados por la comunidad cristiana", sobre todo "si se hallan en condiciones de indigencia".
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