Marzo de 2015. El destino vuelve a ensañarse con Sebastián Crismanich. Las lesiones, como desde aquella final olímpica en 2012, cuando ganó el oro pese a una fractura en el peroné de su pierna derecha, vuelven a aparecer como enésimo obstáculo.
Esta vez, en el Open de México, vuelve a ser una quebradura, en este caso en la tibia de esa misma pierna. Pero antes, a principios y luego a finales del 2014, habían sido roturas de ligamentos en sus rodillas. Demasiado para acobardar a cualquiera. Claro, el campeón olímpico en Londres 2012 no es cualquiera.
Crismanich
"Ojo, por momentos sentí que el mundo se me venía encima porque uno se prepara toda la vida para competir y no poder hacerlo es muy duro. Más si es una lesión grave que te hace pensar que tal vez no vuelvas nunca más... Pasé por muchos estadios emocionales, tristeza, incertidumbre, esperanza. Fue día a día, 24 horas pensando en la rehabilitación y ahora por suerte estoy más cerca...", resume con crudeza.
"Es una lucha contra nuestro propio cuerpo y mente. Debés ganarte a vos mismo. Pero ya lo hice. Siento que voy a volver bien. Y con un plus, siendo mejor persona y deportista. Todo esto me hizo ganar experiencia y madurez", relata el taekwondista en alusión a sus graves lesiones.
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Totalmente recuperado, Crismanich cuenta que ya entrenó con la Selección y allí se quedaron sorprendidos por su estado actual, aunque el propio deportista admite que "aún no tengo la estabilidad y la saltabilidad de antes, pero estoy en un nivel similar. El resto tal vez no se da cuenta porque vengo trabajando en un nuevo estilo de combate para que no se note tanto lo que yo veo, una nueva posición de guardia y otras técnicas"
"Me encanta este nuevo desafío de regresar de una lesión grave y buscar el boleto olímpico. Es una motivación extra, quiero usar a favor mío lo que pasó. Si sucedió fue porque viene algo positivo", asegura.
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La lesión no le permitió clasificar a los próximos Juegos Olímpicos por ránking (entran los primeros 6), por lo que Crismanich tendrá que luchar por un lugar en el Preolímpico que se disputará en marzo del año próximo.
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"Habrá medallistas olímpicos y del mundo, alto nivel. Será lo que tenga que ser. Tengo un pálpito muy bueno. En realidad yo me veo en los Juegos de Río defendiendo el oro. Yo siento que mi persona está destinada a ser un ejemplo para todos, para la sociedad. Quiero demostrar que uno puede caerse, levantarse y volver a lo más alto", relata.
Ejemplo de sacrificio y perseverancia, el atleta comparte sus entrenamientos con una función social, de la mano de Weber Saint Gobain.
"Tuve la suerte de cruzarme con la gente de Weber, que es spónsor pero además me ayuda a ayudar. Ojalá que muchas empresas copien esta idea. Yo elegí darle infraestructura a un comedor en Las Palmiras, un paraje a 60 kilómetros de la capital correntina. Ahí está el mayor foco de desnutrición de la provincia y es indispensable ayudar. Mi compromiso con la sociedad es total y es mi forma de dejar una huella", concluye.
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