Guillermina Llorens es una niña de poco más de 2 años que vive en Castelar y sufre de hipoplasia. Ante las complicaciones para solventar el tratamiento que debe hacerse en Boston, un fallo judicial terminó avalando el reclamo de la familia contra la empresa de medicina de Techint para que se hiciera cargo de los costos correspondientes.

Antes de nacer, Guillermina Llorens fue diagnosticada con una cardiopatía congénita, denominada Síndrome de Corazón Izquierdo Hipoplásico (cuyas siglas en inglés son HLHS), un problema que afecta a 2 de cada 10.000 nacidos vivos. A sus 3 años, Guillermina conoce a la perfección de catéteres, sondas, bisturíes y quirófano.

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"Básicamente, significa que la mitad izquierda del corazón no se desarrolló cuando estaba en la panza y su único ventrículo tiene que hacer todo el trabajo sólo", contó a la prensa su mamá, Jimena Gonella, una ingeniera química de 34 años.

Pero la lucha que encabeza esta pequeña no es sólo de ella. Además de su madre; su padre Andrés Llorens, y su hermano, Ernesto, de 6 años, la acompañan en cada batalla que libra sin importar cuán dura sea ni cuántos kilómetros deban recorrer.

El año pasado fue operada del corazón en Boston, algo que fue posible gracias a la ayuda de varias personalidades del deporte y de la cultura que se sumaron a la difusión de la cruzada "JuntosxGuille", y gracias a la gente que colaboró para que Guille pudiera ser operada en Estados Unidos.

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Su actual tratamiento consta de sólo dos pastillas por día y ella misma recuerda cuándo tiene que tomarlas. Pero no es la única que está pendiente de su salud. Su hermano la sigue a sol y a sombra y colabora con todas las acciones que la familia lleva a cabo.

"Nosotros solemos ir a tomar mate a una plaza que queda por Castelar, donde vivimos, y llevamos una alcancía para quienes deseen colaborar con los gastos médicos de Guille, y Ernesto la lleva para todos lados y se alegra mucho cuando la gente se suma", relató Jimena.

Gracias a la terapia realizada, la pequeña mejoró notablemente su calidad de vida, pero para continuar con la evolución, Guillermina tiene que viajar de nuevo a Boston la primera semana de mayo.

Según publicó el portal, Salud360, el año pasado, la familia de Guillermina presentó un reclamo administrativo en el que se reconoció que no podía operarse en el país ni que tampoco podía continuar con su tratamiento. En ese momento, la obra social Asociación del Personal Superior de la Organización Techint (APSOT) fue tajante: no le iban a cubrir el tratamiento.

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Como consecuencia, hicieron un amparo judicial para que le reconocieran los gastos médicos. Pasaron meses enteros y la respuesta de la justicia parecía no llegar. "No teníamos demasiadas esperanzas pero presentamos todos los papeles que acreditaban la continuidad del tratamiento en el exterior. Sabíamos que hay más amparos de salud perdidos que ganados", confesó.

Pero la contestación llegó esta semana. El cuerpo médico forense envío la respuesta y el juzgado Civil y Comercial Federal 7 dictó sentencia: Guillermina tenía derecho a la continuidad del tratamiento de por vida en Estados Unidos y la obra social debía hacerse cargo.

"Es un fallo histórico, inédito, súper contundente, que echa por tierra que lo que necesita Guille no se trata de una locura nuestra. Para nosotros fue un día de fiesta cuando nos enteramos de la resolución", reafirmó categórica.

"Los médicos tienen que hacerle un nuevo cateterismo y esperan poder solucionar las lesiones residuales de la cirugía anterior", precisó la madre, quien explicó que el objetivo principal es retrasar lo máximo posible la chance de un posible trasplante de corazón.

"La vez pasada recibí un mail de los médicos hablándome de un plan a 20 años. Cuando ellos me hablaban que Guille iba a ser adulta y que iba a tener hijos, casi me agarra un ataque. No lo podía creer", agregó emocionada.

Ella sabe que todavía hay un largo camino por recorrer, pero le basta ver la sonrisa de su hija para darse cuenta que todo vale la pena. "Muchas aspiraciones personales y cosas que creía que necesitaba quedaron de lado en función de lo más importante que es que estamos vivos. Con todo lo que pasó pudimos aprender a mirar el valor de las pequeñas cosas. Tengo mucha fe que Dios nos va a acompañar", concluyó.