La llegada de Marcelo Gallardo a River no podría haber sido mejor. El referente millonario conquistó cuanto torneo se le puso adelante en su segunda experiencia como entrenador (tras el paso por Nacional de Montevideo) y rápidamente supo conquistar América con la obtención de la Copa Sudamericana 2014 y la Libertadores 2015.
Fueron cuatro títulos los que gritó el Muñeco como entrenador (además de los citados, ganó la Recopa Sudamericana y la Suruga Bank), aunque la actualidad marca que, tras la obtención de la Libertadores, en octubre de 2015, la dulce realidad se volvió pesadilla.

Desde aquel día, River disputó 42 partidos oficiales y obtuvo apenas 15 triunfos, un 36%. Los restantes 27 encuentros se reparten en 9 empates y 18 derrotas, según los números recogidos por Ámbito.

Esos 42 partidos se reparten en 6 competencias: la segunda parte del Torneo de 30 equipos, la Suruga Bank -único trofeo que obtuvo post Libertadores-, la Sudamericana, el Mundial de Clubes, la Libertadores en su edición 2016 y el actual Torneo de Primera División, donde está fuera de la pelea.

Además del desgaste lógico de tanta competencia, cabe destacar que este bajón se debe también a la dificultad para suplir ausencias claves en el funcionamiento del equipo. La partida de nombres como Carlos Sánchez, Fernando Cavenaghi, Ramiro Funes Mori, Ariel Rojas y Matías Kranevitter significaron golpes de los cuales River nunca se pudo recuperar.

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Ahora, eliminado de la Copa y sin chances en el torneo, en el horizonte de River queda la Supercopa Sudamericana, que disputará mano a mano con Independiente de Santa Fe de Colombia y también la Copa Argentina.

El receso por la Copa América deberá servirle a Marcelo Gallardo para barajar y dar de nuevo. Analizar lo que le sirve y pensar en refuerzos que puedan por fin colmar las expectativas. Los últimos números, siempre fríos, asustan. Está en sus manos cambiar el rumbo.