Carlos Scarlata, sacerdote de la parroquia San Isidro Labrador de Lima, en el partido bonaerense de Zárate, no da señales de querer retractarse. "Si las mujeres quieren que las respeten, que empiecen por respetarse a sí mismas", aseguró.
"Con la catequista coincidimos en que teníamos que pedirles a las madres que cuidaran el pudor de sus hijas. Que las vistieran correctamente, no como monjas, pero con ropa suelta", dijo Scarlata en declaraciones a la prensa, muy lejos de reivindicarse por sus controvertidos dichos.

"Había que ponerle un freno a esto que también pasa en los casamientos, porque las mujeres vienen con pollera, escotes y transparencias: estamos en un lugar sagrado", agregó el cura, que según dejaron saber algunos habitantes del pueblo, llegó a echar a una chica de un casamiento por tener un vestido largo con escote y que lo mismo hace con las mamás que amamantan a sus bebés en el templo.

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Acerca del revuelo que se armó en torno a su medida, llevada adelante con afiches que prohibían la entrada a la iglesia de mujeres con "vestimenta no permitida dentro del templo: minifalda, ropa ajustada, shorts, pantalones ajustados, calzas, tajo, escotes, strapless, musculosas y puperas", consideró que hay mujeres de "mal espíritu que armaron, hablando mal y pronto, un quilombo".

Porque "Este pueblo está endemoniado" dijo Scarlata, que ni siquiera deja que nenas menores de edad usen este tipo de prendas durante la misa, ya que las considera "indecorosas". "Mal vestidas sin ocasión de pecado para los hombres", argumenta Scarlatta, antes de redoblar la apuesta: "Si quieren que las respeten que empiecen por respetarse a sí mismas".