Un mega operativo policial alteró el jueves pasado la vida del barrio de Chacarita. Durante más de cuatro horas un cardiólogo se había supuestamente atrincherado tras disparar desde su casa. Todos los medios presurosos se hicieron eco de la noticia del momento. Pero finalmente nada fue lo que parecía.
Durante más de cuatro horas el barrio de Chacarita vivió el jueves pasado un operativo policial digno de las mayores megaproducciones hollywoodenses. Si no fuera que todo terminó en un fiasco producto de la paranoia de un vecino hasta se podría haber hablado de un operativo modelo por su espectacularidad y resultado con el sospechoso detenido sin que nadie sufriera el más mínimo rasguño.

Todo comenzó poco antes del mediodía cuando un vecino de Forest 426 llamó al 911 para denunciar lo que creyó había sido un disparo en el tercer piso de su edificio. Rápido se movilizó un ejército de policías, patrulleros, de la 29a, el hiperpertrechado equipo del GEOF, ambulancias del SAME y detrás de ellos por supuesto los móviles de todos los canales de televisión.

Los uniformados intentaron comunicarse con el dueño del departamento pero no contestaba. Mantenía las persianas bajas e ignoraba los persistentes llamados de los negociadores policiales. Para esta altura ya no había dudas y todos los canales de televisión y portales web lo anunciaban: el tirador estaba atrincherado.

El protocolo ordenaba acordonar la zona, evacuar a posibles víctimas, cortar la luz y gas en la zona y alterar la vida de todo el barrio. La situación lo ameritaba. Después de varias horas de infructuosos intentos de comunicación con el tirador atrincherado la tropa de élite del GEOF hizo lo que mejor sabe, tiró la puerta abajo, lanzó al interior de la vivienda una granada aturdidora y redujo al tirador.

El tirador, un cardiólogo, no opuso la menor resistencia.

Es que el tirador nunca había estado atrincherado ni había tirado nada. En su departamento no había armas y sólo estaba encerrado en su casa, con ganas de descansar y no atender el teléfono para hablar con nadie.

El tiro pudo haber sido una silla que se cayó al piso y el tirador atrincherado, sospechado finalmente sólo de haber hecho ruido fue llevado una vez detenido al Hospital Tornú para que fuera evaluado su estado de salud.

Los vecinos ya más tranquilos, justificaron su paranoia: que el cardiólogo era raro, que le temían, que ya había habido otros episodios.

Más tranquila también con el feliz desenlace y el buen rating logrado, la tele se olvidó rápidamente de lo sucedido ayer, nada dijo hoy de su furcio y pasó al siguiente tema.