El peronismo territorial explora la idea de una primaria para darle potencia al espacio. La interna que no fue. El factor Cristina y los que se suben al ring.
La interna que Cristina de Kirchner no dejó ser puede convertirse en un boomerang para el cristinismo. El duelo entre Daniel Scioli y Florencio Randazzo que la expresidente clausuró en junio de 2015 brota como una variable para "revitalizar" al PJ y fogonear un proceso que la derrota no resolvió: el menú de perdedores y ganadores que dibuje el mapa de las nuevas jefaturas.

Según publica en su edición papel el diario Ámbito Financiero, entre las pompas del neocafierismo, que hará su show el 6 de septiembre para recordar la victoria renovadora del 1987 en Buenos Aires, que fantasea con juntar los pedazos del peronismo territorial -gobernadores, intendentes y caciques-, aparece una aventura más osada: revivir la interna presidencial que no tuvieron Scioli y Randazzo y repetirla, dos años después, en la disputa por una senaduría nacional.

El pulseo, con esos nombres en la marquesina, es emblemático porque, mirado hacia atrás, sugiere que pudo aportarle volumen al FpV pero, más que nada darle identidad y legitimidad al ganador. Es, claro, contrafáctico.

Pero la enunciación de una PASO interperonista tiene un radio de fuego más amplio. Entre los intendentes post-K hablan de plantarle una interna a Cristina de Kirchner en caso que sea candidata o torear a Scioli si llega a la grilla de candidatos, sobre todo con el respaldo de la expresidente.

A Gabriel Katopodis, alcalde de San Martín, y a Eduardo "Bali" Bucca, de Bolívar, los dos del club de los intendentes que empujan el neocafierismo, aparecen en la lista corta de aventureros que han deslizado que están dispuestos a anotarse en esa batalla.

¿Y Martín Insaurralde, el más taquillero de los alcaldes del PJ? Más difícil: ya jugó y perdió en el 2013, por lo que en su ilusión de ser gobernador, sería demasiado arriesgado otro derrape. Los demás son recién llegados a sus distritos.

Katopodis y Bucca fueron, al arranque del año, los principales promotores del ensamble con Randazzo. Hubo varias cenas y muchas conversaciones pero con las semanas, el vínculo se enfrió: los intendentes dieron por hecho que el exministro del Interior no tenía definido su juego, que recién lo resolvería el año que viene o a más tardar en diciembre, y que no había certezas de que fuese un sí.

Entonces se decidió construir sin la carta Randazzo que es potente pero que no se sabe si, en 2017, estará en el mazo.

Apareció otro elemento. El ex- ministro trasmitió que la hipótesis ideal sería ir a una interna para que el candidato salga legitimado y no hacer, como ocurrió en la era K, que los postulantes sean puestos a dedo. Simple: Randazzo quiere una disputa con Scioli. "¿Y si aparece Cristina?" le preguntan a uno de sus laderos. "Si Cristina es candidata, Florencio sale a la cancha a pelear con ella".

En ese enjambre, a Scioli lo ponen, por su visita al Instituto Patria, en la "cuenta política" de Cristina, pero en la reunión del Consejo del PJ ensayó un argumento. "Fue la única que se solidarizó públicamente por las denuncias que me hicieron en TV. ¿Cómo no voy a ir a verla?". Hubo muecas y caritas pero nadie lo refutó.

COMPUTADOS

Los intendentes post-K son un clan gaseoso y volátil. Hay, de hecho, un puñado que se hace llamar Grupo Fénix para no quedar computados en el grupo Esmeralda, nombre que a su vez no le gusta a todos porque en esa calle están las oficinas de Insaurralde y dan por hecho, que es como asumir la jefatura.

Un sector, con base en el oeste del conurbano, mira a Sergio Massa como la mejor variable para no terminar en el tren K. Pero el tigrense avisa, cada vez con más intensidad, que el acercamiento tiene que ser pronto para dar tiempo para romper la potencial polarización entre macrismo y kirchnerismo que se aproxima y que es, a priori, negocio para los polarizados: Cristina y Mauricio Macri.

La elección de 2017, con una agenda donde se plebisciten los dos años del PRO y los doce del FpV, se perfila como una tercera vuelta de 2015 porque, como entonces, el margen para romper el antagonismo.

Massa, por eso mismo, manda a decir que no será candidato en 2017. Malena Galmarini, su mujer, es la vocera pública de esa posición.

En torno a Cristina sólo hay imprecisiones. Volvió a moverse en clave política pero no logró expandir su espacio político. Y, como es un clásico del manual K, no da certezas sobre si jugará o no electoralmente el año que viene o, de hacerlo, por qué territorio; Santa Cruz o Buenos Aires.

La tesis de una interna bonaerense esconde, además, la intención de plantearle que puede encontrar algunos escollos si quiere pelear en la provincia. Aun ganando, que la desafíen no es un dato menor. En definitiva, la expresidente nunca enfrentó una interna: siempre que fue candidata, salvo en 2011, fue porque su esposo; Néstor Kirchner, la puso ahí.