Lucía Aisicoff
Lucía Aisicoff
Inundado, incendiado y con una disputa familiar de fondo. Políticos y dirigentes quisieron apropiarse del predio en el que hoy se juntan los devotos de la "santa popular" a hacerle promesas y agradecerle los "milagros" cumplidos. Los protagonistas contaron esta historia a minutouno.com.
Flores, zapatillas chiquitas, rosarios, cartas y pedidos desesperados. Todo eso puede encontrarse a la vera de la Ruta Nacional 12, en el kilómetro 129, donde fanáticos y devotos levantaron un santuario de Miriam Alejandra Bianchi, más conocida como Gilda, la "reina" de la música tropical.

En ese lugar falleció la mítica cantante de cumbia el 7 de septiembre de 1996. Junto a ella murió su hija, su mamá y los músicos que la acompañaban en el colectivo que iba de gira rumbo a la ciudad entrerriana de Chajarí y fue embestido por un camión fuera de control en la mitad de la noche. Esa historia la cuenta la película "Gilda, no me arrepiento de este amor", que se estrenará el próximo jueves, protagonizada por Natalia Oreiro y dirigida por Lorena Muñoz.

El micro está aún intacto, campo adentro, junto a un altar que armaron los fieles de la –bautizada por ellos- "santa popular" en la que devino la artista post mortem. Aquel santuario nació como un espacio de paz y reflexión, pero nunca estuvo exento de conflictos: inundaciones e incendios "intencionales" se suman a las conflictivas peleas entre fans, políticos y "herederos" de Gilda.

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RENACER

Tras el desborde de los ríos en el Litoral hace unos nueve meses, el agua tapó el predio del santuario. Con esfuerzo, los fans lo levantaron de nuevo. No fue la primera vez que aquel espacio debió renacer de sus cenizas: además de inundaciones, el lugar también se repuso de dos grandes incendios que lo destruyeron por completo. Y como si fuera poco, la anhelada tranquilidad estuvo desde un principio interrumpida por una polémica de fondo, con distintas voces involucradas.

Rita y Carlos Maza son los dueños del terreno.
"Nosotros somos propietarios del predio desde el año 2000", cuenta la mujer a minutouno.com. Según su relato, decidieron adquirir ese espacio tras el primer incendio. "Ya veníamos sufriendo amenazas pero nunca pensamos que la iban a concretar. Cuando sucedió, decidimos comprar la tierra y hoy somos propietarios de dos hectáreas", explica.

¿Amenazas de quién? Según Rita, por ese entonces la gente comenzó a ir "masivamente" a visitar el santuario y ella supo que era "el principio de algo". En tanto, "había personajes que ya tenían los ojitos puestos en esto, algunos políticos", acusa la mujer. De ese modo hace referencia a algunos dirigentes de Villa Paranacito. Recuerda que pese a que ellos aún no eran propietarios de la tierra, todos sabían que eran quienes habían instalado el santuario, por lo que un día llamaron a su marido las autoridades de la zona para intentar alcanzar un arreglo: querían convertir al lugar en un negocio rentable y permitirían a Carlos convertirse en la "cara visible" del mismo. Pero se sorprendieron cuando él se negó. Según Rita, la respuesta fue contundente cuando una de esas personas le advirtió a su marido: "Mirá Maza, si no llegás a un acuerdo por ahí se te cae una velita y se te quema tu santuario".

El 17 de mayo de ese mismo año, "a las 7 de la tarde" -aclara Rita, número que por coincidir con la fecha y hora del fallecimiento de Gilda tiene una gran relevancia entre los fanáticos- le prendieron fuego. "Todos estos inconvenientes nos llevaron a pensar en comprar un pedazo de tierra", explica y relata que fue entonces cuando pagaron por el terreno.

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¿LUCRAR O NO LUCRAR?

Si bien Rita asegura que el motivo por el que compraron la tierra fue para que nadie "lucre" con el santuario, algunos fans acusan a ella y a su esposo de querer montar un negocio. De ese grupo forma parte Nancy Vizcarra, sobrina de Carlos Maza y primera integrante de "Las Únicas", el primer club de fans de Gilda, que tenía tres miembros: ella, su hermana Andrea y la misma cantante. Nancy cortó relación con su tío años atrás, al acusarlo de "explotar comercialmente" el lugar levantado en memoria de Gilda. "No fui más al santuario y estamos muy peleados con Masa porque él explota comercialmente el lugar", explica Nancy.

Las acusaciones son cruzadas. De modo indirecto, Rita y Carlos se quejan de la actitud de los fans que no les prestan demasiada "ayuda" en el mantenimiento del santuario. "Ellos lo que aportan es su presencia. Ponen banderas y vienen de vez en cuando", dice Rita y se lamenta: "Tuvimos una pequeña colaboración económica el año pasado, pero como ellos lamentablemente es su ego que uno quiere ser más que el otro y nunca tiran todos para el mismo lado".

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20 SEPTIEMBRES

Los fans cuentan que el segundo incendio -también "intencional"- ocurrió tres años atrás. "Esa vez no fue el santuario lo que se quemó sino las instalaciones, cabañas, comedor... No quedó absolutamente nada", recuerda Claudio, uno de los seguidores históricos de Gilda y presidente de un club de fans. También destaca cuánto costó reconstruir todo y agrega: "se quemó hasta el Descanso del Peregrino, todo eso quedó hecho cenizas".

La inundación también ocasionó daños importantes. "Todo eso ya pasó. Está saliendo el sol a pesar de todo", dice Rita y recuerda las recientes celebraciones ya que este 7 de septiembre se cumplieron 20 años desde la muerte de su ídola. Es que la mujer dice encargarse de "los preparativos" y de "poner orden" en el lugar en cada aniversario.

Rita describe que la gente deja cosas como "notitas, papelitos, peluches" y que cree que "todo, desde lo más pequeñito, tiene su valor". Por eso muchas cosas se las lleva a su casa durante el año y las vuelve a traer antes de esa fecha, porque "te da pena cuando la gente dice que dejó algo y después no lo encuentra", pero se enorgullece al recordar que "hay una chica que había ido en el primer aniversario y dejó una cadenita y la encontró años después".

Lo cuenta con desgano, habla de las adversidades y asegura que siente que es su "responsabilidad" ocuparse de que las cosas vuelvan a estar en su lugar. ¿Por qué lo hace? La familia de Gilda y la de su marido eran amigas. "Hay que palpar lo que se vive en ese lugar. Cuando vas un 7 de septiembre y estás en contacto con la gente, con lo que te dicen, sus promesas... ¿Qué les vas a decir que todo es mentira?". Y se le ilumina el rostro cuando admite que ocuparse del santuario es una tarea ardua, pero trae "su recompensa".