Mauro Szeta
Mauro Szeta
Sarubbi llevaba dos horas secuestrado. Su captor lo tenía amenazado con un arma. A seis cuadras, el cobrador de la banda se aprestaba a retirar el rescate. Todo pasaba en el barrio Villegas de Ciudad Evita.
Lo que sigue ahora es el relato del espanto aportado por un testigo.

A punta de pistola, el jefe de la banda de secuestradores obligaba al taxista a caminar. Buscaba una casa para dejar a la víctima. Tocaba una y otra puerta. Los vecinos le dijeron no: "Es un pobre tipo, dejalo ir", se escuchó gritar a una señora.

En paralelo, el cobrador de la banda quedaba preso. Es que los policías de la División Antisecuestros de la Federal cortaron el pago del rescate. No está claro qué pasó.

Los federales alegarían luego que corría riesgo la vida de los pagadores, los dos hijos del taxista. Los federales estaban de civil en un auto, cerca de ellos.

Según la mirada de los federales, el cobrador se puso violento. Entonces, actuaron, y lo detuvieron para evitar riesgos. Pero el riesgo no estaba ahí. Estaba a seis cuadras.

Desquiciado, el jefe de la banda, obligó al taxista a arrodillarse, y lo ejecutó sin contemplación. Luego de los tiros, se sacó la ropa, quedó en calzoncillos, salió corriendo y arrojó el arma.

El asesino está identificado y prófugo. Según el relato del testigo, los integrantes de la banda son adictos al paco. Eso explicaría su accionar demencial.

El fin de semana hubo cinco detenciones en la causa. Todo parece indicar que sólo uno de ellos está vinculado al secuestro y homicidio.

El taxista Sarubbi fue asesinado de cinco tiros. El criminal no le dio chance a nada. Una banda brutal, demencial. Feroces, desalmados. Mataron por maldad, mataron porque el cobrador terminó preso. Mataron porque tuvieron ganas. Ni la voz de su barrio los pudo controlar.