"Revolución pedagógica" macrista o contrarreforma conservadora
El diputado nacional por el Frente Nuevo Encuentro analiza la situación de la Educación en la ciudad de Buenos Aires a la luz de los graves problemas que generó el nuevo sistema de inscripción on line implementado por el macrismo.
Si repasamos brevemente 2013, veremos la consistencia de la política educativa conservadora del gobierno porteño. Desde mediados del año que acaba de terminar, y a través del Boletín Oficial N° 157 se lanzó un estudio internacional de Cívica y Ciudadanía. Dicho instrumento estandarizado se aplicó en escuelas porteñas y muchas de sus preguntas revelan un sesgo ideológicamente incompatible con un sistema de vida democrático. A modo de ejemplo, se "recolectaron datos sobre sus actitudes hacia la diversidad en su vecindario al preguntarles cómo reaccionarían ('Me agradaría', 'Me daría igual' o 'Me desagradaría') si algunos de los siguientes grupos formaran parte de su vecindario: gente de color de piel distinta a la tuya, gente de clase social distinta a la tuya, gente de religión distinta...". ¿Habrá que ser adivino para deducir qué tipo de actitudes genera estas inducciones brutales?
En línea con la perspectiva tecnocrática, aunque con tratamiento postergado, se está organizando un Instituto de Evaluación de la Calidad que se propone como dispositivo de regulación y control del sistema educativo. Sus supuestos pedagógicos definen a la buena educación como un nivel de respuestas adecuadas a exámenes estandarizados determinados por una capa de tecnoexpertos. Esta línea no sólo condena al docente a ser un mero implementador, sino que acentúa la lógica de competencia entre alumnos, docentes y entre escuelas. O sea, un vínculo fundado en ganarle al otro y que va formando a toda la comunidad en la idea de perpetuar la desigualdad y una suerte de darwinismo selectivo. Estas definiciones tienen incluso impacto en el plano del financiamiento educativo. La implementación del Programa de Calidad Educativa pasó de casi 19 millones en 2013 a 42 millones en 2014, lo que supone un incremento del 150% de un año a otro.
Si repasamos el presupuesto educativo elevado por el Ejecutivo de la Ciudad y posteriormente aprobado, se registra una nueva reducción del porcentaje asignado a Educación. Veamos: en 2012 un 26%; en 2013 un 24,3 y en 2014 un 21,7 por ciento. Pero de más si discriminamos el monto asignado a Educación Estatal, veremos que en 2012 se afectó el 57,3%; en 2013 cae al 52,08% y en el de este año baja aun más a un 51,54 por ciento. Nada puede ser más claro y contundente para calificar la importancia que un gobierno le otorga a la educación que el presupuesto que le asigna. En una misma dirección se avizora este programa de reconfiguración y vaciamiento de la escuela pública en otros rubros, como el de construcción y equipamiento de las instituciones educativas. Sin analizar lo ejecutado, que revelaría claros deterioros, sino lo presupuestado, también va para atrás: se pasa del 3,4% en 2012 al 1,8% de 2014. Esta definición no es menor, sino mayor, sobre todo cuando se revelan falta de vacantes –lo que implica déficits de edificios, aulas y cargos docentes.
Como ya señalamos, la organización y los contenidos del sistema educativo de nuestra ciudad forma parte de una controversia ideológica y cultural en la que se define el tipo de sociedad y de país en el que vivimos. La mentada "Revolución Pedagógica" macrista, resulta ser en realidad una auténtica contrarreforma que nos remite a una combinación de oscurantismo franquista, con un modernismo a la chilena de Piñera. Ambos conceptos fueron ampliamente superados por la lucha y el progreso de los pueblos.
(*) Juan Carlos Junio es diputado nacional por el Frente Nuevo Encuentro
fuente: www.juancarlosjunio.com.ar
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