El último domingo fue atípico. Tres de los cuatro partidos estipulados por la 14° fecha del certamen local fueron suspendidos (Tigre-Lanús se jugó por la mitad) por el intenso temporal y no hubo nada que hacer. Atípico, claro, aunque lamentablemente esto sea una problemática cada vez más común en el fútbol argentino.
El año pasado y en 2011 apenas un encuentro se vio postergado por el clima, mientras que en 2012 y 2010 fueron cuatro, la cifra más alta de los últimos tiempos hasta este 2014. En 2009, en tanto, no hubo partidos cancelados.
Lo cierto es que, ante tanta suspensión, surge la controversia: ¿Son los clubes los culpables de esto o realmente no se puede hacer nada ante las inclemencias climáticas? La respuesta es incierta, claro, aunque sí se sabe que cada institución pone un énfasis cada vez más fuerte en la protección de sus campos de juego.
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Lo cierto es que el cada vez más manifiesto cambio climático es una realidad innegable y sería ilógico pensar en que las suspensiones beneficien a alguien, por lo que sólo parece quedar la posibilidad de rogar que la lluvia no siga castigando de esta forma para que el fútbol, como cada domingo, pueda seguir su curso normal.
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