Sexo para todos: el boom de 50 sombras de Grey
El boom de ventas del libro y posterior película "50 sombras de Grey" nos enfrenta a una realidad evidente de nuestros días: el poder de comercialización del sexo. Ahora bien, si existe este poder se debe sin duda a que la temática sexual nos genera como sociedad una fuerte atracción, hasta el punto de llegar a erotizar numerosos ámbitos de difusión como lo son la literatura, el cine, la televisión, la publicidad y los medios gráficos. Entonces, ¿a qué se debe tal atracción?
Dentro de la historia occidental, la cuestión sexual se ha visto por lo general en un plano inferior a otras dimensiones humanas, por ser considerada esta como impura pero también como irracional, es decir, contraria al pensamiento organizado y lógico, "arrastrándonos" al campo de las pasiones, los impulsos y el deseo sensual. Así pues, esta dimensión se ha visto reducida al ámbito de la reproducción o adherida al placer oscuro, pecaminoso, que nos confunde y nos extravía en el camino de alcanzar los placeres elevados del intelectualismo, pudiendo llegar incluso a esclavizar nuestra alma.
De esta manera, por ser visto lo erótico como algo oscuro e irracional que debe ser domado, es que se ha convertido en una especie de tema tabú que genera atracción por el simple acto de estar prohibido; lo sexual y lo prohibido han ido de la mano por cientos de años. ¿Esto explica entonces una sociedad tan erotizada, es decir una sociedad en donde el deseo físico y la atracción mediante la excitación sexual son preponderantes, ya sea para conquistar a otra persona como para vender un producto?
Hablar sobre lo que no se puede hablar y mostrar aquello que no se debe mostrar, históricamente han producido un morbo particular más allá del contenido en sí. Por caso, si pensamos en películas antiguas que han sido censuradas por contenido explícito varios años atrás, descubriríamos que hoy ni siquiera estarían en horario de protección al menor pero, en su época, traspasaban los límites de lo "decoroso".
Encontramos así productos como "50 sombras" en donde tal vez la calidad literaria o fílmica no sean su máximo punto de atracción, si no el fuerte contenido sexual que presentan, a sabiendas de que alcanza con una buena narración de hechos explícitos que, además, jueguen con estos límites sobre lo que se debe o no hacer con nuestros propios cuerpos. En esta obra lo erótico y lo violento se funden de manera tal de incorporar al lector-espectador a prácticas que posiblemente no se atreva a llevar a cabo pero que buscan identificarse con las fantasías más recónditas.
A su vez podemos encontrar una respuesta a por qué nos atrae tanto lo sexual en el pensamiento de George Bataille quien sostenía que lo erótico estaba en estrecha relación con nuestra muerte generando una fascinación sobre ella. ¿Cómo es esto? En primera instancia el acto sexual conlleva una apertura hacia el otro a través de la ruptura de nuestra individualidad y hacia nosotros mismos que reconocemos el cuerpo como un instrumento de placer. Pero además, el hecho de que lo sexual nos pueda llevar a lo reproductivo nos pone en frente a la necesidad de permanecer porque vamos a morir. La vida es necesaria para continuar la especie, por lo que reconocemos intrínsecamente a través del deseo sexual que vamos a desaparecer.
Por otro lado, no debemos dejar de ver a la sexualidad como un juego de poder tal como lo explica Michel Foucault, en donde se ponen en marcha mecanismos de control social propendiendo hacia una economía del cuerpo y del deseo. El sexo además de ser fuente de placer, produce un saber y una verdad, fuentes de un discurso que explica "la sexualidad" y que nos configura dentro de la "normalidad". Es así que esta obra buscar estar inmersa en este juego de "normal – anormal", invitando a sus consumidores (que sin duda se consideran muy "normales") a atravesar dicha frontera mediante su imaginación, pero con la seguridad de que seguirán en el lado "correcto".
En definitiva, lo analicemos más profundamente o no, lo cierto es que lo sexual se ha convertido irreversiblemente en un medio de atracción comercial que produce, mezcla y confunde un imaginario erótico sobre el placer de las personas, sus deseos y sus prácticas. ¿Debemos entonces dar prioridad a la razón? Quizás no se trate de qué debe ser lo primordial, si no de mantener el respeto, la autenticidad y la autonomía a la hora de elegir nuestros placeres y nuestras conductas sexuales, aún cuando esto signifique enfrentar los mecanismos sexuales de poder.
Las Más Leídas




Dejá tu comentario