A Evo lo atacan por derecha y a Bachelet la corren por izquierda

*Causas y desquicios de los sismos opositores que sacudieron el cono sur con epicentro en Chile y en Bolivia.
*El riesgo de sacrificar el diálogo en los altares ideológicos.

Dos sismos opositores casi simultáneos sacudieron el Cono Sur. Uno con epicentro en Bolivia y el otro en Chile. El primero buscaba derrumbar el gobierno de Evo Morales y el segundo hacer tambalear a Michelle Bachelet abriendo grietas en la coalición centroizquierdista que gobierna el país trasandino.

Ambos mandatarios están situados en la izquierda del espectro político de sus respectivos países, sin embargo, contra Evo Morales embistió la derecha y contra Bachelet la izquierda. En ambos casos, el resultado político de la embestida fue confuso o contradictorio.

En Chile, la movilización para protestar contra “el modelo neoliberal” no fue significativa en términos de participación, ya que hubo mucha menos gente de la que calculaban movilizar los organizadores.

Sin embargo, fue simbólicamente fuerte. En definitiva, porque el modelo económico vigente es el que diseñó Hernán Büchi durante la dictadura de Pinochet, sólo que con algunos retoques para pasar de la concentración de riquezas que provocaba bajo el régimen militar, a una mayor redistribución desde que gobierno de la coalición de centro-izquierda inició su prolongada gestión.

El problema para el gobierno es que esa redistribución tiene un ritmo demasiado lento.

La trajinada semana chilena demostró que Michelle Bachelet está en un punto equidistante entre la izquierda de su partido y la derecha de la democracia cristiana, el gran aliado de los socialistas.

De la izquierda del PS la separa la visión económica, mientras que de la derecha democristiana la separa una agenda de temáticas sociales como los métodos anticonceptivos y el matrimonio gay, entre otros.

A la presidenta algunos sugieren aliarse a una de las dos puntas de las que hoy está equidistante, rompiendo totalmente con la otra.

Sin embargo, teniendo en cuenta la exitosa trayectoria de las Concertación, que en algo más de quince años ha democratizado Chile y ha despinochetizado a la sociedad; y valorando también el hecho de que la oposición, si bien despinochetizada, todavía está demasiado a la derecha como para garantizar gobiernos equilibrados, lo mejor que podría hacer Bachelet es tender lazos que suturen las fisuras que están rasgando a la coalición progresista.

A la presidenta la están corriendo por la izquierda sin que goce de buen apoyo en la derecha. Por lo tanto, su peor riesgo es la soledad total.

                                         En Bolivia

Paralelamente, el paro y las marchas contra Evo Morales fueron muy fuertes en algunos puntos del país, como la ciudad de Sucre, que está disputando la capitalidad con La Paz, así como en buena parte de la medialuna próspera que integran las regiones de Beni, Pando, Tarija y Santa Cruz de la Sierra.

Pero en otros muchos puntos del país, la protesta opositora contra el gobierno tuvo escasísima repercusión. Por lo tanto, el saldo de las agitadas jornadas de esta semana es que hubo partes del país donde fracasó el gobierno y otras partes donde fracasó la oposición.

Y este resultado paradójico puede entenderse como inequívoca señal de que hay dos Bolivias abiertamente enfrentadas y, de momento, irreconciliables.

Esta bifurcación del país es producto de las cerradas posiciones que mantienen tanto el gobierno como la oposición.

El gobierno por sostener un izquierdismo radical, y la oposición por tener como matriz una derecha oligárquica y autoritaria.

En el medio de ambos extremos inconducentes está el objetivo de convertir a Bolivia en la sociedad incluyente que nunca fue, dotándola al mismo tiempo de la democracia pluralista que jamás tuvo.

Dicho objetivo sólo puede ser alcanzado mediante un proyecto consensuado de país, lo cual es imposible debido a que el puente del diálogo está cortado.

Y está cortado en las dos puntas; o sea que lo cortó el gobierno y también la oposición, porque desde sus respectivas radicalizaciones ideológicas sólo creen en la imposición mientras que en el consenso ven una inaceptable traición a la idea y al sector que representan.

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