*En la guerra por el rating, los canales consideran que la falta de respeto al público es un daño colateral que no merece ser evitado. Para muestra, lo que acaba de hacer Telefé con “El capo”.
El televidente que se entusiasma pierde. Si queremos seguir viendo programas de ficción sin sufrir de repente los malestares propios de un síndrome de la abstinencia, tendremos que volvernos gente de sangre fría. El nuevo manual de conducta de los espectadores deberá incluir los siguientes principios: no entusiasmarnos mucho con nada; ver todo, incluso nuestras telenovelas favoritas, con el aire distante de la bella indiferencia; no morder nunca el anzuelo del suspenso.
Ha llegado la hora de retacearle a la tele nuestra capacidad de apasionarnos por las historias y los personajes. ¿Por qué propongo que tomemos una medida tan extrema? Porque en la lucha encarnizada por el rating, los canales nos pueden dejar sin ver la continuidad y el final de una novela de la noche a la mañana, salvo que uno disponga de las 24 horas durante los 365 días del año para perseguir al ciclo en esa suerte de rayuela impredecible que es, hoy por hoy, la grilla de programación.
Fijate lo que acaba de suceder con “El capo”, la tira de Telefé que protagoniza Miguel Ángel Rodríguez. El canal la promocionó con bombos y platillos. Cada vez que sintonizabas la emisora, te encontrabas con un avance de “El capo”. En todos los diarios, veías los avisos. Si entrabas a Internet, la publicidad del programa te saltaba a la vista en una gran cantidad de sitios. El mensaje era contundente: quien no la viera se estaría perdiendo la gran ficción del 2007.
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Pues bien, tanto machacaron con la venta del nuevo producto que una parte del público lo compró. Pero como resulta que los compradores son muchos menos de los que Telefé esperaba para poder competir en el horario central con Canal 13, a “El capo” le dio un destino itinerante: hoy lo levanto, mañana lo atraso, pasado mañana lo reemplazo por una película, después reduzco la duración de los capítulos. ¿Y la gente que se sentaba frente al televisor a las 22, para seguir las peripecias de las tres familias mafiosas que narra la tira? Bien, gracias: eso habrán pensado los directivos de la emisora.
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Mal que mal, si te habías enganchado con la historia, te las ingeniabas para ir persiguiéndola hasta dar con ella en algún momento del horario central. Pues bien, ahora las cosas se han puesto más complicadas. Si formás parte de esa franja del público interesada en ver “El capo”, tomá nota de las malas noticias: desde el lunes, el programa pasa a emitirse a las 13. Sí, tal cual leíste: el ciclo es desplazado de la hora de la cena a la del almuerzo. Y si vos además de mirar la tele tenés una vida que no podés detener a la una de la tarde para ver la novela, problema tuyo. Telefé no se va a molestar en cumplir su compromiso con el público al que tanto le pidió que consagrara sus noches a mirar “El capo”. Como tampoco se molestó Canal 13, el año último, en respetar los derechos de los seguidores de “Vientos de agua”, la miniserie de Juan José Campanella que padeció la suerte de los nómades.
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Así las cosas, sugiero que los televidentes hagamos con los programas de ficción lo que jamás deberíamos hacer con el amor. Es decir, o renunciar a ellos para siempre o adoptar la receta de los cobardes: para no terminar sufriendo, viví las relaciones de pareja sin cometer el error de enamorarte. Otra alternativa no nos queda porque en la guerra del rating, la falta de respeto al público es un daño colateral que a los canales no les interesa evitar.
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