Ariel Ortega, una vida a los tumbos

*El futbolista jujeño nunca ha sido un jugador de fútbol tranquilo y de perfil bajo.
*No sólo generó tapas en los diarios por sus gambetas y goles, sino también, por su exceso de alcohol, violencia doméstica y peleas en boliches.

Ortega es Ortega, y por eso vive "a lo Ortega". Ese jujeño de gambeta endiablada que enamoró a todos los hinchas de River desde sus comienzos, en 1991 y que se convirtió en uno de los máximos ídolos de la historia de los "millonaros" ha tenido un particular modo de vivir hasta el día de la fecha.


 


Parece que el "caso Ortega" no tiene cura. No es la primera vez que e "Burrito" vive un hecho como éste, sino que a lo largo de su trayectoria ha sumado una serie de hechos que lo marcan por completo fuera de las canchas.


 


El hecho más notorio como futbolista ocurrió en los cuartos de final del Mundial de Francia '98 ante los ojos de todos los argentinos, cuando le aplicó un cabezazo al arquero Edwin Van der Sar que significó la rápida expulsión del jujeño.


 


Inmediatamente y cuando quedaban pocos minutos para el final del partido, vino el golazo de Dennis Bergkamp que decretó la eliminación de la selección de Passarella ante Holanda, por 2-1. Pero todas las críticas cayeron sobre la irresponsabilidad de Ortega por dejar al equipo con diez jugadores, y en un momento tan caliente como ese.


 


Fuera de las canchas, a Ortega se lo ha conocido por sus constantes salidas nocturnas, con alcohol inlcuído, y las golpizas a su mujer Vanesa, madre de sus tres hijos.


 


Ya desde joven, el "hijo futbolístico" de Passarella se hizo notar por sus escapadas de la concentración de la selección nacional en Ezeiza. El vértigo, la adrenalina y la velocidad forman parte de su vida extrafutbolística. En más de una ocasión se puso el auto "de sombrero" como consecuencia del alcohol que hoy en día trata de dejar.


 


Como jugador del Parma y de la Sampdoria de Italia, la policía lo detuvo varias veces por manejar en estado de ebriedad.


 


En el Fenerbache de Turqía también dejó su huella: cansado del idioma y de las constumbres de ese país, el jugador abandonó el equipo y se escapó rumbo a la Argentina. Incluso, se lo acusa de haberse quedado con un porcentaje de su pase no cumplido, que rondaba los 11 millones de euros.


 


Tras recibir la dura sanción de 15 meses por parte de la FIFA, el "burrito" volvió a jugar en el fútbol doméstico pero en Newell´s, donde se coronó campeón del Apertura 2004.


 


 

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