Bailando por un sueño: de eso no se habla

*Aunque soy una seguidora atenta del programa de Marcelo Tinelli desde la primera edición hasta hoy, hay algo en ese ciclo que no logro entender. Y para colmo, sospecho que en ese misterio está la punta de un ovillo que vale oro.
*Enterate de qué se trata.

Soy una de los tantos millones de argentinos que siguieron las tres primeras ediciones de “Bailando por un sueño” con constancia y que ahora, celebran su regreso a la tele. Observadora por naturaleza, el oficio periodístico ha hecho de mí una  televidente atenta. Quiero decir con esto que en 2006, no perdí ni un detalle de lo que sucedió en “Bailando…”. Y, sin embargo, hay una incógnita que hasta el día de hoy, no he logrado develar. 

El jueves último, poco antes de la medianoche, aquel antiguo interrogante sin respuesta volvió a rondarme, con insistencia de tábano. A las 23.45, Marcelo Tinelli presentó a Nicolás Tadioli, el soñador que baila con Carolina Oltra. Y desde entonces han vuelto a mi cabeza las mismas dudas que en su momento me dispararon la presencia de Mirta Lima y la de Cristian Ponce, en el primer “Bailando…”, por citar dos ejemplos.

Nicolás Tadioli tiene 22 años. Es de Quilmes, provincia de Buenos Aires. Estudia profesorado de folclore y da clases de tango. Vive con su madre y sus dos hermanos. El padre ya no comparte la vivienda con ellos: la decisión de un juez lo obligó al hombre a abandonar el domicilio familiar. ¿Por qué? A causa del maltrato y la violencia que ejercía sobre su esposa y sobre Nicolás, el mismo chico que ahora vemos bailando en el concurso de “Showmatch”.

¿Qué busca Nicolás Tadioli allí? Cumplirle un sueño a alguien, igual que el resto de los participantes. Lo que el formato televisivo llama “sueño”, en la mayoría de los casos incluido el de Nicolás,  no es otra cosa que el anhelo de que otros salgan de alguna pesadilla, ya sea la falta de un techo digno, de salud, de educación, de alimentos, de buen trato.

Nicolás baila en la televisión con el propósito de alcanzar un objetivo solidario: abrir una fundación que brinde asistencia médica, psicológica y judicial para personas golpeadas. Nicolás Tadioli baila en el ciclo de Marcelo Tinelli para tenderles una mano a los que viven en el infierno que padeció en su propio pellejo, a los que sufren una barbarie análoga a la que dejó huellas en su cuerpo y en el de su mamá. Nicolás Tadioli baila en “Showmatch” para que nadie esté tan solo como estuvieron él, su madre y sus hermanos en la tormenta de trompadas con efecto reflejo: golpean en los huesos pero muelen el alma.

Sí, Nicolás Tadioli baila en el la tele, en el programa de Tinelli. La televisión y Tinelli son una circunstancia que un día se cruzó en su destino. Igual que en el de Mirta Lima, la formoseña que bailó junto a Dady Brieva, en 2006. Su sueño era crear una fundación que protegiera a los niños abusados sexualmente. Otro infierno. Exactamente el infierno que ella vivió en su infancia.

“Showmatch” y su rating descomunal son para Nicolás Tadioli una oportunidad en la que ha decidido probar suerte. Igual que para Cristian Ponce, el ganador de la primera edición del “Bailando…”, a quien acompañó Carmen Barbieri. ¿Qué ganó? Una casa para su familia, con la que Cristian vivía hasta entonces en un galpón semidestruido, en la localidad Mechongué, cerca de Mar del Plata.

Al ver bailar a Nicolás Tadioli con Carolina Oltra, me ocurrió lo que suele suceder cuando dejamos las preguntas sin respuesta: todas ellas regresaron a mi cabeza y exigieron contestación con más vehemencia que antes. Una tras otra, me taladraron el cerebro en la noche del jueves: ¿Cómo lo hicieron? ¿Dónde lo resguardaron? ¿Cómo no lo perdieron? Quiero decir, para ir a bailar a “Showmatch” cuando se les presentó la ocasión, Mirta, Cristian y Nicolás antes tuvieron que haber sido capaces de conservar durante años el deseo de bailar, a pesar de los males. Nadie queda seleccionado en un casting multitudinario como el de “Bailando por un sueño” si no sabe moverse al ritmo de la música. Y tan bien se movían Mirta y Cristian, que entre ellos dos se disputó el duelo final. Quien ahora vea bailar a Nicolás advertirá que ese muchacho ama a la danza. Los tres han practicado el baile cuando ni siquiera imaginaban que un día danzarían en la televisión.
 
Yo me pregunto: ¿Cómo conserva el deseo de bailar quien pasa sus días y sus noches hacinado en la precariedad de un galpón, quien ha sido una niña abusada, quien tiene el corazón lastimado por los puños de un padre que arremetía contra su cuerpo y el de su mamá?

Millones de palabras han sido escritas en estos días respecto del regreso de Marcelo Tinelli a la pantalla. Metros y más metros de texto se han publicado en 2006 sobre el fenómeno televisivo del año: “Bailando por un sueño”. Como la mayoría de la gente, he leído gran parte de todo eso. Y a pesar del esfuerzo, no encuentro la respuesta a la duda que me desvela: ¿Cómo hicieron ciertos participantes para preservar el deseo de bailar mientras vivían en el infierno? De eso, no se habla.

Soy periodista: cuando no sé, pregunto. Esta vez, juro que no sé. Si tenés la respuesta o al menos una hipótesis, te pido que la escribas aquí, en minutouno.com. 

Entretanto, repetiré la gimnasia del año último: seguiré atentamente “Bailando por un sueño”, me volveré a asombrar ante la maravilla de que un chico golpeado haya podido salvar del naufragio su deseo de bailar y trataré de aprender esa lección que “Showmatch” no explicita, pero que está a la vista de quien quiera mirarla.

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