¡Basta de hablar de Emos y Floggers! Dejen a los chicos mutar en paz...

Una vez más, los Emos y sus aparentes archienemigos, los Floggers, son protagonistas en el shopping de Abasto y no precisamente por el Museo de los Niños. Volvieron a trenzarse en un enfrentamiento casi infantil. Esto es algo que siempre se escurre de los titulares: que se trata de chicos entre los 13 y 18 años.

Estoy harta de escuchar hablar de tribus urbanas y de la tendencia consumista y ególatra de los Floggers. Me cansé de escuchar a “los expertos” hablar sobre la actitud pesimista y la automutilación de los Emos. Pero por sobretodo, estoy aburrida de ver cómo intentan sacarle la ficha a los chicos y a su manera de ser.

Porque hacer una radiografía de un movimiento, moda, o una tribu urbana (detesto ese término) no es más que eso: pintar un cuadro que no siempre se condice con la realidad. Cada persona es un mundo, pero parece que a menos de que se junten de a varios, se corten el pelo “raro” o se vistan solo de negro nadie les presta atención.

Es más: ¿alguien reparó en el hecho de que estos chicos no son sólo “fenómenos sociales? Lo que hacen ahora puede serlo, pero en 20 años seguirán vivos y la historia será otra. Cada ser humano pasa por una etapa de maduración. No hace falta ser psicólogo para saberlo.

Ahora bien, si tu etapa de maduración está marcada por lo que la gente dice que sos o que “seguro debés ser” puede ser un poco alienante. El caso de Agustina, más conocida como “Cumbio” me viene a la memoria. La chica de 17 años accedió a hacer la publicidad de una firma de ropa deportiva y entró en el ruedo mediático sin darse cuenta.

Cumbio, perdón, Agustina, terminó de visita en el programa de televisión en Mañanas Informales y en una plancha de stickers en la revista Rolling Stone todo porque su Fotolog era visitado por 30 mil usuarios y a la marca de indumentaria le venía bien una “modelo” para atraer al público “flogger y consumista” y ella fue fácil de individualizar.

Con la intención de acercarse y de imponerse en un nuevo grupo de consumidores, se puso en el candelero la vida de una chica que, como cualquier otra, está pasando por un momento de cambios y no necesita esa clase de atención mediática.

Distinto pasa con los Emos: ¿a quién le importa que se vistan de negro? El punto es que miles de chicos creen que les hace bien cortarse las muñecas… ¿Es que a nadie le interesa enfocarse en eso? ¿Será porque no son consumistas que ni siquiera las compañías que venden filos para afeitadoras se interesan?

Al final, se ventilaron detalles privados de la vida de Agustina (detalles que ella prefería no divulgar), y la plancha de stickers no la volvimos a ver por la Rolling Stone. Era eso nomás: una moda. Ya pasó. Y a mí me quedó la idea armada: no me interesa que me hablen de Emos y de Floggers ni de cómo se pelean.


 


Su vida y su mundo les pertenecen sólo a ellos.

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