Casas de espinaca, tapizados de soja y combustible de maíz, todo lo "verde" que tiene la Argentina
*Mientras todos debaten por las retenciones, la ciencia hace su uso por fuera de los comestibles propiamente dichos.
*Otros productos, derivados de espinaca, soja y maíz, también son "made" in Argentina.
Si una persona escucha hablar de espuma de soja seguramente pensará en una de esas recetas que en el mundo de la gastronomía sofisticada se denomina con metáforas exóticas (por caso en un hotel 5 estrellas a una porción de carne con jugo de naranja se la denomina “Adoquín de Cordero Patagónico con Lluvia Cítrica...”.
Bien, pero la espuma de soja no es un alimento para paladares rosados, sino un novel diseño tecnológico no contaminante que, a partir del aceite de soja, se fabrica con múltiples finalidades industriales. Asientos de autos ecológicos que antes se elaboraban con productos derivados del petróleo ahora se están comenzando a fabricar con este “yuyito” que tiene tan en vilo a la Argentina estos días. Tapizados y otros similes de la industria textil han pasado las pruebas de laboratorio de un complejo industrial cien por cien ambientalista denominado “Cradle to Cradle”, lo que significa en buen criollo “De la cuna a la cuna”.
Los ecologistas y científicos en general ya han demostrado que el Planeta Tierra está colapsando frente a la monumental barbarie de desechos que genera el avance indiscriminado de la tecnología, que hace que productos que se renuevan en poquísimo tiempo (los teléfonos celulares y las computadoras son el mayor ejemplo) sean prontamente descartables con la carga contaminante que significa enterrar esos fierros en basureros imposibilitados de seguir recibiendo desechos industriales ferrosos.
El proyecto “De la cuna a la cuna” ha logrado sintetizar increíbles productos con derivados de la tierra. Una vez que la espuma de soja se vuelve descartable, con solo arrojarlo a los campos sus componentes se degradan en poco tiempo transformándose en nutrientes para la tierra.
Algo más que yuyos
Si asientos de autos y tapizados varios fabricados con derivados de nuestro bendito “yuyito” parecen propios de la ciencia ficción, no menos sorprendente es enterarse que con proteínas de espinaca pueden fabricarse casas recubiertas con un sistema aislante que permite generar la energía propia para su funcionamiento sin necesidad de los contaminantes derivados de los combustibles fósiles... Ah, y además estos componentes ahorran energía que se comparte con el vecindario.
Y si esto fuera poco hay que remontarse a un hecho histórico que pasó desapercibido en el mundo pese a su importancia emblemática: El 27 de mayo del año pasado, en la carrera de autos mas trascendente de la historia -las 500 millas de Indianápolis- los bólidos cargaron en sus tanques de combustible etanol al cien por cien en lugar de las tradicionales naftas ultrasofisticadas...y no por eso redujeron la capacidad de aceleración ni las velocidades propio de estos vehículos.
Combustible renovable y no contaminante forman parte de proyectos que intentan hacer la vida automotriz tan fascinante como siempre, sin dañar la naturaleza ni producir los efectos tóxicos que hoy soporta la humanidad.
Es cierto que tapizados de soja, casas de espinaca y combustibles de maíz están forzando a un debate apasionante. ¿Hasta que punto es beneficioso retirar del mercado productos comestibles para entregarlos a un diseño de vida no contaminante, cuando hay millones de personas en el mundo en condiciones abruptas de hambre e indigencia..?
Quienes defienden el medio ambiente y quienes a su vez se preocupan por los desastres que produce en la población mundial la desigual distribución de riquezas, tienen algo -y mucho de razón- en sus posturas.
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