Chávez, la valija de dinero, la ideología y la corrupción

*Debido a los misteriosos ochocientos mil dólares que llegaron desde Venezuela, está vez la visita del exuberante líder caribeño dejó en el país un debate que no pasa por lo ideológico sino por la ética pública.

El paso de Hugo Chávez por la Argentina planteó como siempre un debate ideológico, que duró hasta que una misteriosa maleta replanteó el asunto en los siguientes términos: la cuestión no es la ideología sino la corrupción.

Los analistas locales y extranjeros describían lo que parecía la efigie de Jano, aquella deidad de la mitología romana con dos caras contrapuestas: Néstor Kirchner abrazando al exuberante líder caribeño y su revolución bolivariana mientras que, a la misma hora en un hotel de Recoleta, su esposa Cristina deslumbraba al empresariado prometiendo un capitalismo de acumulación y exportación en el Council of the Américas.

La escena justificaba que algunos observadores, nacionales y extranjeros, se pregunten ¿cuál de los miembros de este matrimonio está mintiendo? ¿El presidente, al coquetear con el “socialismo del siglo 21” y su furibundo antinorteamericanismo? ¿O la candidata presidencial, al seducir a grandes capitales norteamericanos?

En rigor, tal contradicción no es más que una apariencia. O sea, la escena del dios Jano no implica necesariamente una contradicción, sino simplemente que, a la misma hora en la misma ciudad, el presidente buscaba financiación y su esposa buscaba inversión.

Dicho de otro modo: él estaba en lo inmediato y ella en la proyección futura. Lo cual es lógico, no contradictorio.

Pero para despertar a los analistas de sus preocupaciones y disquisiciones ideológicas, apareció el misterioso maletín de los 800 mil dólares y su estela interminable de preguntas que, seguramente,  nadie jamás responderá.

Curiosamente, la pregunta que nadie hizo pasa por el extraño hecho de que hayan descubierto en un aeropuerto de Buenos Aires lo que no se detectó en el aeropuerto venezolano desde donde partió el vuelo, siendo que el paso imprescindible de las maletas por los scanners es antes de subir al avión y no después de haber volado.

El hecho es que la misteriosa fortuna cuyo supuesto dueño abandonó con rapidez y total desprendimiento (como si en realidad no fuese el dueño), replanteó la discusión que divide a los argentinos cada vez que viene Hugo Rafael Chávez Frías.

En rigor, es lo que están planteando en Venezuela, no los miembros de esa oligarquía reaccionaria y angurrienta que es parte, aunque no todo, del antichavismo; sino muchos intelectuales y dirigentes de izquierda que integraron el gobierno bolivariano y luego se fueron denunciando autoritarismo y corrupción.

El último caso es el de un sacerdote tercermundista que apoyó desde un comienzo la revolución bolivariana, pero en las últimas semanas presentó una lista de más de medio centenar de altos funcionarios de PDVSA designados por el gobierno y seriamente sospechados de corrupción.

En Venezuela, los sectores oligárquicos sólo quieren recuperar el poder con el que antes realizaban su propia corrupción. Pero hay una creciente dirigencia progresista, demócrata y de izquierda señalando el lado oscuro del chavismo.

El discurso de los desencantados señala que en PDVSA y en otras áreas, nadie controla los negocios que hace el gobierno con otros gobiernos y con los empresarios extranjeros que multiplican sus fortunas invirtiendo en el “socialismo del siglo 21”.

El futuro dirá, si es que puede, cuanto de verdad y cuanto de invención hay en estas sospechas que recaen sobre el gobierno de Chávez. En todo caso, lo que está claro es que la solidez de los controles es inversamente proporcional a los riesgos de corrupción.

La historia demuestra con claridad meridiana y con las excepciones que confirman la regla, que donde la división de poder es más nítida y creíble, los controles sobre gobernantes y funcionarios son mayores.

Por el contrario donde la división de poderes es menos cristalina y poco creíble, los controles son menores o incluso inexistentes. Y obviamente, mientras más débiles son los controles más grande son los riesgos de corrupción.

A esta regla de hierro debe añadirse otra: la gangrena de la corrupción es una enfermedad internacionalmente contagiosa. Ergo, los gobiernos que se relacionan demasiado con Estados corruptos, o bien son igualmente corruptos, o bien están en vías de corromperse.

La maleta y sus turbios 800 mil dólares le están gritando a la Argentina que éste es el debate central, y no la discusión ideológica que volvió a estallar alrededor del dios Jano que mostró su efigie esta semana en Buenos Aires.

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