Chávez sacude el MERCOSUR




  • ¿Tiene razón el líder venezolano al culpar al empresariado y al Senado del Brasil por esta crisis?


  • ¿O está buscando excusas para alejarse de un bloque comercial reacio a adoptar sus propuestas?


Los liderazgos caudillistas han mostrado a lo largo de la historia una paradoja: tienen un discurso fuertemente integracionista y, al mismo tiempo, se constituyen en obstáculos que bloquean la integración.


 


¿Por qué semejante contradicción? Sencillamente, porque los liderazgos caudillistas son fuertemente personalistas y la concentración de poder en manos de un solo hombre es inversamente proporcional a la solidez de las instituciones; mientras que los procesos integracionistas se realizan desde las instituciones de los países.


 


Esta tendencia que ha recorrido la historia sudamericana parece reconfirmarse en estos días, por el sísmico anuncio de Hugo Chávez respecto a que, finalmente, Venezuela podría dar marcha atrás y no integrarse al MERCOSUR; advertencia que formuló junto a una durísima crítica a este bloque del cono sur.


 


La crisis tiene causas inmediatas y mediatas. Las de largo plazo tienen  origen en una divergencia sobre cómo debe ser el MERCOSUR.


 


Para Chávez, la integración debe darse a partir de la fusión entre las empresas estatales de los países en cuestión; mientras que los cuatro  fundadores (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) defienden la integración comercial a partir de la libre circulación de productos entre los países miembros, aunque difieren entre sí sobre las formas de corregir asimetrías.


 


Además, el hombre fuerte de Caracas sostiene que el MERCOSUR debe reformularse saliendo de lo que considera un molde del “capitalismo salvaje” y “neoliberal”; mientras que Brasil le responde que Venezuela primero debe ingresar y luego proponer tales reformas


 


En estos puntos, el exuberante líder caribeño sostiene que las grandes empresas brasileñas quieren obstruir el ingreso de Venezuela y los cambios que propone porque, afirma, pretenden una integración que les permita hacer “grandes negocios”.


 


En esto, Chávez tiene razón y al mismo tiempo se equivoca; porque si bien es cierto el interés empresarial en los “grandes negocios”, también es cierto que criticarle a las empresas querer hacer negocios es como criticarle a un club de fútbol querer participar en campeonatos de fútbol.


 


De todos modos, lo más significativo de la actual crisis entre Venezuela y el MERCOSUR está en la razón inmediata: el choque entre Chávez y el Senado de Brasil por el cierre del canal caraqueño RCTV.


 


Lo significativo es, precisamente, que se trata de un conflicto entre el líder de un país y una institución de otro país; provocada por la crítica de la segunda a la medida tomada por el primero contra un medio de comunicación de su país.


 


Chávez actuó frente al Senado del Brasil del mismo modo que actúa frente a quienes, en su país, confrontan con él. Y lo que encontró del lado brasileño fue una respuesta institucional: o se disculpa o la cámara alta no aprobará el ingreso de Venezuela.


 


El argumento del líder venezolano es que el senado del Brasil (también el de Paraguay) está cumpliendo con la voluntad de Washington.


 


Una cláusula del MERCOSUR establece que los parlamentos de los países miembros deben aprobar la integración de un nuevo socio. Y las cámaras altas en Brasilia y Asunción condicionan tal aprobación a que Chávez revea su clausura a RCTV y se disculpe por insultar a los senadores brasileños.


 


Sin duda, a Estados Unidos le satisface la actual crisis y el posible aislamiento regional de Venezuela.


 


No obstante, han sido tantos los esfuerzos de los gobiernos de Brasil y Argentina por abrir las puertas del MERCOSUR a Venezuela, que la forma en que se están cerrando parece verificar que el propio Chávez perdió el interés en el espacio integrador al ver que su fórmula no prevalecería.


 


De momento, la crisis corrobora que los procesos de integración se tejen desde las instituciones y no desde los liderazgos personalistas, aunque estos se caractericen por tener un discurso inflamado de proyectos integradores.


 


Por el contrario, los liderazgos caudillistas, por su propia naturaleza anti-institucional, son los que obstruyen esos procesos.

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