¿Cómo comer rico y sano?

*Lo que tenés que consumir diariamente para poder disfrutar de la comida y, al mismo tiempo, cuidar tu cuerpo.

EFE
Por EFE

Asociamos la idea de dieta sana, esa que ayuda a mantenernos jóvenes y saludables, a  una interminable lista de aburridos pescados a la plancha y sosas verduras hervidas, todo ello tragado con grandes botellas de agua. Las dietas sanas no incluyen, desde luego, el chancho asado, los embutidos y los dulces, pero, sin embargo, la salud a través de una alimentación variada y apetitosa es posible.


 


A partir de cierta edad, la alimentación es un factor clave para mantenerse joven y en buena forma. Para conseguir esa dieta equilibrada no son necesarios grandes sacrificios. Sólo un poco de sentido común y un leve cambio de costumbres.


 


Por ejemplo, ¿por qué no empezar nuestro almuerzo con un estallido de color? ¿Por qué no hacer de nuestro plato, como si de un cuadro impresionista se tratara, una obra de arte?


 


¿Notaste la variedad y color de las hortalizas? Podemos formar un fondo verde con brócoli, rico en vitaminas A y D. El color crema de la papa o la coliflor –dos de los alimentos más completos que existen- combina bien con el anaranjado de la zanahoria, rica en carotenos, compuestos que el hígado trasforma en vitamina A.


 


Para un color más vivo ¿qué tal unas remolachas? que reducen la presión arterial y combaten la anemia. ¿Y por que no añadir unos garbanzos y unos granos de maíz,  altamente nutritivos?


 


Al final, una pincelada de color dorado, un buen chorrito de aceite de oliva, que cuenta con una lista de propiedades curativas muy buenas. Y muy poco o nada de sal.


 


Las siempre deliciosas legumbres, pastas y arroces (de ser posible solos o con marisco, nunca con carne),  carnes blancas y pescados con poca grasa o azules, cocinados a la plancha, al vapor o al horno.


 


Lácteos (especialmente buenos para luchar contra la osteoporosis), dos o tres frutas al día, una pequeña porción de pan integral y quizá una copita de vino son alimentos suficientes y variados para mantenernos en buena forma.


 


Los puristas afirman que lo único que no engorda es lo que se queda en el plato. Pero no hay que llegar a tales extremos. Para mantener el peso ideal los nutricionistas afirman que es mejor levantarse de la mesa con un poco de hambre y comer al menos cinco veces al día, pero en cantidades pequeñas.


 


De esta forma, el metabolismo se mantiene activo y evitamos que el cuerpo, privado de alimentos durante horas, se “asuste” y tienda a “almacenar” todo lo que recibe en previsión de nuevos periodos de ayuno.


 


El término antioxidantes irrumpió hace ya tiempo en el lenguaje común, y entre las fuentes más ricas de éste se encuentran el dimetalaminoetanol,  presente en muchos alimentos y, de forma especial, en el pescado azul.


 


Los antioxidantes mantienen una lucha sin cuartel contra los radicales libres, que a su vez se producen por la oxidación celular, al tiempo que ayudan al organismo a  reforzar el sistema inmunológico.


 


Cuando la proporción de radicales libres aumenta de forma descontrolada afecta al ADN de las células y contribuye a la aparición de enfermedades cardiovasculares y al envejecimiento precoz.


 


Mala alimentación, malos hábitos, como el tabaco y el alcohol, contaminación, estrés, falta de ejercicio y otros muchos factores contribuyen al aumento de los radicales libres en el organismo.     


 


También existe el colesterol malo o LDL, que se convirtió en la “bestia negra” de los médicos, quienes lo persiguen sin piedad en sus pacientes, ya que se acumula en las arterias y aumenta de forma alarmante la posibilidad de enfermedades coronarias. Por el contrario, el colesterol bueno o HDL, ayuda a combatir al LDL y a evitar que éste se acumule.


 


Finalmente tenemos a la hormona DHEA, que fue bautizada a finales del siglo XX como el elixir de la eterna juventud, aunque las esperanzas puestas en ella no dieron –al menos hasta la actualidad- los resultados esperados.

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