Crimen de Rosana: el testimonio del jardinero que compromete la situación del viudo Arce

José Arce, legalmente viudo de Rosana Galiano desde enero pasado, fue perdiendo la sonrisa de sus primeros momentos de viudez mediática y ahora se lo ve huraño, taciturno y malhumorado frente a las cámaras televisivas. Al fiscal Marcelo Pernici y a los policías que investigan el homicidio les alienta el estado depresivo de Arce y van por más.
 
Alguna escuela criminalística europea denomina esta situación del viudo como “el síndrome del corazón delator”, en referencia al célebre cuento de Edgar Allan Poe –Corazón delator-  en el cual un homicida sucumbe frente al peso de su propia conciencia y termina confesando su crimen.

Los responsables de la investigación esperan que José Arce se quiebre y relate lo que todos sospechan pero nadie puede probar acerca del asesinato de Rosana. Días atrás le armaron un operativo gigante en su quinta “El Remanso”. Se tiraron un par de buzos a las piletas de natación de varias quintas aledañas y a la del propio Arce en busca del arma homicida... Una puesta muy cinematográfica pero ni la Justicia ni la policía esperaban hallar algún indicio en esas aguas que estaban límpidas y traslúcidas en enero, cuando fue el crimen de Rosana. Les bastaba la espectacularidad de la escena montada para que Arce entrara en una nueva crisis de nervios y se acercara cada vez más al síndrome del corazón delator.
 
Es que el fiscal Pernici y los sabuesos dan por cierta la declaración que hizo frente a la Justicia el jardinero Daniel “el yanky” González, uno de los presuntos amantes de Rosana a quien Arce acusa del crimen.

minutouno.com accedió a la foja 564 del expediente, que es precisamente el testimonio del jardinero González.  En un lenguaje muy simple, la declaración judicial más importante del expediente dice así: “...que trabaja con Arce junto a dos empleados, Bruno Silva y otro misionero que vivían en la Quinta. A fines del 2006 Bruno Silva en el Bar lo de Montoya apuntó con una pistola a su hermano Daniel Silva, supuestamente por un comentario que había hecho el propio Arce, le comenta que no quería tener problemas ya que si bien el hecho había pasado a mayores, el arma era de su propiedad... pistola 11.25. En una oportunidad fue a “La Dulzura” y les mostró las armas de fuego, escopeta y dos armas de puño... una era calibre 11.25... Diciembre del 2006 realizó trabajos de electricidad. En junio del 2007 lo llamo Rosana desde un locutorio pidiéndole auxilio ya que Arce la había querido matar, por lo que el declarante le mandó un auto de la remisería de la Ruta 192 y 8...Su marido la había corrido con un cuchillo, va al jardín de los chicos y se refugia en la casa de su hermana... La cantidad de llamadas hechas al número de él fomentadas por Pablo Leguizamón, llevaba autos a La Dulzura, supuestamente los reparaba ya que eran mecánicos...Rosana le había dicho a José que los sacara ya que seguramente eran robados. Esporádicamente mantenía relaciones íntimas hasta Octubre, Noviembre de 2007 (...) que sabía que tenía novio... Habló con Arce del tema de la separación y le dijo que está todo bien... le tenía miedo. Vendió la camioneta para conseguir dinero...

El lenguaje elemental y el pobre vocabulario que detenta el jardinero González fue tomado tal cual –sin retoque alguno- por los instructores del sumario. Es que esa misma precariedad expresiva –contrasta con la verborragia de Arce cuando acusa al jardinero de ser autor del homicidio- contiene el asidero para ser tomada como creíble por los investigadores de la muerte de Rosana Galiano.
Y otro detalle que los sabuesos no pasan por alto. La contextura psicológica del viudo (bravucón, pendenciero, arrogante...) no encaja con la de un personaje que le adjudica su esposa un tendal de infidelidades. Se sabe que en los parámetros culturales de Occidente, la figura del “cornudo” no tiene buena prensa y el género masculino, mas que el femenino, le rehuye a ser tildado como tal. Mucho menos los llamados “compadritos” estilo Arce (contrario a lo que ocurría con Marcelo Macarrón, el viudo de Norita Dalmasso, un hombre en apariencia mas manso y tranquilo que Arce, y aún así soportó el chubasco de las presuntas infidelidades de su esposa con aplomo y resignación, pero sin ser apologista de ellas como Arce).
En cada ocasión que el viudo de Galiano reitera en público una y otra vez las supuestas infidelidades de su mujer asesinada, e insiste con ellas a los cuatro vientos, el tilde de la sospecha sobre él toma mas cuerpo en la mente de los investigadores.
El jardinero González reconoció haber intimado con Rosana cuando se lo consultó en la instrucción del sumario. La Justicia le creyó... y también creyó cuando dijo que Rosana le había confesado que Arce la quería matar.

Los tiempos se acortan. El Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Carlos Stornelli, apura la resolución del crímen puesto que los viudos impunes salpican la imagen misma del poder político. Los responsables de la investigación acosan al sospechoso pero no dejan de seguir todas las pistas que se presentan.
Y esperan que el síndrome del corazón delator les juegue a favor de resolver el crimen de Rosana Galiano.

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