¿CUÁL ES EL SECRETO DE OSITO?
Apenas ingresó en la casa, con su peluche a cuestas, Jessica sedujo a la cámara. Y desde entonces no paró. Primero, se metió en la pileta cubierta apenas por espuma en los pezones y el pubis. Más tarde, se declaró enamorada de Jonathan y la remó contra viento y marea sin darse por vencida ante los expresos rechazos del candidato. Con casi nada _un cubito de hielo y unos lengüetazos en las bocas de sus compañeros_ obtuvo lo que nadie había logrado hasta entonces en “Gran Hermano”: que le compusieran una canción. Rápida de reflejos, supo sacarle el jugo a “El baile del Osito” meneando la cadera y dando besos no bien sonaba tema. Dirán que es su estrategia de juego. Es probable. Pero, ¿no se trataba de eso, “Gran Hermano”?
Lo que no es estrategia, en todo caso, es la capacidad lúdica de esa chica que aparenta vivir como si el mundo fuera un parque de diversiones y ella, una criatura ansiosa por chocar contra todos los autitos y bambolearse arriba de la montaña rusa. En estos días de visitas en la casa, se hizo evidente que Osito tiene lo que a tantos les falta: una altísima capacidad de asombro y una enorme curiosidad por casi todo. No sé si esas dos condiciones son suficientes para ganar en “Gran Hermano”. Pero estoy convencida de que son necesarias para andar por la vida con más goce que llanto, con menos quejas y más alegría.
La tarde en que Chayanne promocionó sus discos y sus shows, en vivo y desde el lado de adentro de la casa, a Osito no le alcanzaban las palabras para expresar su asombro y, convencida de estar tocando algún cielo con las manos, apenas atinaba a cubrirse la cara. Valía la pena tragarse la movida de marketing para ver a esa chica exhibiendo el asombro químicamente puro.
Después llegó la brasilera, Iris, y Osito fue un tsunami de curiosidad. A pesar de no entender una palabra de portugués, tenía tal desesperación por comunicarse con la nueva invita y conocer su historia que a la larga, pudieron entenderse. “Oso, pará, es una piba, no es un juguete”, la llamó Diego a la cordura. La frase no podría haber sido más acertada: Jessica parecía una niña con muñeca nueva. En este mundo cargado de cinismo, ese derroche de curiosidad infantil corrió del centro de interés a la belleza y la verborragia de la garota importada.
Es posible que Osito quede entre los finalistas de “Gran Hermano”. O no, como dirían los habitantes de la casa. Pero es seguro que Jessica Gómez está bien equipada para enfrentar las tempestades de la vida real, esa que corre fuera del marco del televisor. Cuando uno piensa que a la hora de explicar las condiciones en las que llegó al mundo, Jessica dijo: “Mi papá violó a mi mamá, y nací yo”, la cuenta es fácil: quien con esa mochila al hombro no ha perdido el interés por el prójimo ni el asombro tiene pasta de ganadora. En la vida, digo, porque “Gran Hermano” es un juego. Y los juegos, juegos son.
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