¿Cuánto pagó Marianela para ser finalista?

*Hay quienes dicen que hizo una jugada maestra al nominar espontáneamente a Diego a fin de asegurarse un puesto en la final. Pero todo tiene su precio. A mi modo de ver, el que pagó la joven tucumana resulta exorbitante.
*Enterate cuál fue.

Marianela ejerció la nominación espontánea contra Diego y logró su objetivo: quedar entre los finalistas de “Gran Hermano 2007”. Tal vez _la votación del público lo dirá en su momento_ hasta consiga satisfacer el deseo de consagrarse ganadora. Claro que para eso, pagó un precio muy alto, altísimo. ¿Cuál es el tope de lo que uno debería estar dispuesto a pagar en la vida con tal de conseguir un objetivo?

En los juegos, como en la vida, hay normas. Ciertas conductas están prohibidas y otras, permitidas. Quien evita ingresar en el terreno de lo prohibido no merece ser sancionado. Pero en el amplio surtido de acciones permitidas, no todas son iguales. Algunas de ellas nos elevan moralmente. Otras, en cambio, nos alejan del ideal de acrecentar nuestra nobleza. En la realidad, hay ciudadanos que además de ser respetuosos de la ley son solidarios. La solidaridad no es un valor que se le pueda exigir a nadie, código o reglamento en mano. Sin embargo, ¿qué duda cabe?, las acciones solidarias dignifican a sus autores. En los juegos es parecido: uno puede jugar al límite de lo permitido o negarse a echar mano a los recursos que se alojan en la frontera última del juego limpio.

Gran Hermano es un juego. Y Marianela, flamante finalista, no violó el reglamento al ejercer la nominación espontánea contra Diego. Como tampoco lo transgredió cuando tuvo la posibilidad de salvar a uno de los nominados_ por haber sido quien atendió el teléfono_ y en lugar de rescatar a alguno de sus compañeros se salvó a sí misma. Es obvio que Marianela tampoco violó las normas aquella noche en la que Osito lloraba _consolada por Sebastián y Claudia, un instante después de la expulsión de Jonathan_ y ella se puso a dar desaforadas muestras de alegría al lado de Jessica, porque, dijo, creyó escuchar la voz de su hermano entre los gritos que se filtraban desde afuera.

Conforme al reglamento, nadie podía exigirle a Diego que se acercara a Marianela cuando ella deambulaba por la casa en soledad y sin saber cómo integrarse. Pero Diego le dio una mano. Tanto que ella se lo agradeció en incontables ocasiones. Le dijo que había aprendido a valorarlo; que admiraba que él hubiera podido formar una familia tras haber cumplido su condena en la cárcel; que le alegraba que él tuviera una esposa que lo ama. Y hubo aún más: en una madrugada, Marianela llegó a expresarle su gratitud con frases tan grandilocuentes como que él era “un ejemplo” para ella; que quería aprender de él. ¿Alguien se acuerda de esa escena? Como dirían en la tele, “la cinta, Gonzalito”.

Pero sin ir tan lejos, en la gala del jueves último se la vio a Marianela conversando con Diego en un tono amigable. En estos términos le hablaba la participante tucumana a su compañero: “Vos fuiste el más querido acá; eso es lindo”;  “a vos te quieren, adentro y afuera”. Y al final, remató: ¿Por qué no podemos llegar a la final? La respuesta a su pregunta es evidente. Ella ya llegó, Y en cuanto a Diego, si lo consigue nohabrá de ser gracias a ella, quien utilizó todos las instrumentos a su alcance para impedírselo.

A Marianela no le bastó con votar a Diego cuando la voz de Gran Hermano la convocara a nominar. Ella hizo más: utilizó la herramienta más límite del juego: la nominación espontánea, ésa que la coloca en situación de darle tres votos en lugar de dos al compañero que nombre en primer término (en este caso, Diego) y dos votos en vez de uno al que mencione en segundo lugar (quien la ligó fue Juan). Y todo eso para tratar de dejar fuera del juego a quien le dio una mano cuando estaba en la mala, porque según dijo, a Diego lo percibe como posible ganador.

No fue un arranque ni un impulso; fue una maniobra calculada. Antes de meterse en el confesionario voluntariamente, se encargó de decirles a sus compañeros que iría a pedirle a Gran Hermano que templara el agua de la piscina. Y una vez encerrada en el cuarto de las confesiones, mostró las cartas: “Es doloroso, porque es una persona que me ayudó mucho. Pero veo esa permanente diferencia que hay”, afirmó en referencia a Diego. Tal vez se refiriera a la misma diferencia que había señalado al comienzo del juego, en un diálogo con Vanina, cuando a Marianela le preocupaba cómo estaría sintiéndose su madre “al ver que estamos liderados por alguien que no sabe ni hablar”.

No es grave: a hablar, la gente aprende. Y a juzgar por las largas conversaciones que la propia Marianela misma mantuvo con Diego cuando casi nadie le dirigía la palabra, el muchacho aprendió muy bien.

No conforme con el ejercicio de la nominación espontánea que la llevó a decirle a Gran Hermano: “No sé si está bien usar la espontánea ? ¿Te parece de mala persona?, antes de salir del confesionario, Marianela agregó: “¿Me ponés música, por favor?”. Me pregunto si verdaderamente la suya era una acción que ameritara un festejo musical.

Cuarenta y ocho horas más tarde, Marianela volvió al confesionario y se dedicó a analizar lo que había hecho. Ese fue el momento en el que vimos la exorbitancia del precio que pagó por avanzar un casillero en el concurso. Respecto de la actitud que muchos consideran una jugada maestra, Marianela manifestó:


 


- Me parece que soy medio trastornada; siempre vivo al límite. (…) Es horroroso. Es como que no fui muy leal, me siento como si hubiera fallado. (…) “Yo pensé en mí, nada más. Es como que digo: Qué hija de p…

Al escuchar a Marianela hablando de sí misma en esos términos, me pregunté si hay premio en este mundo que valga el precio de quedarse con esa imagen de sí misma. A mi modo de ver, no hay fin que justifique la utilización de un medio que nos haga sentir hijos de p…, para decirlo con las palabras de Marianela.

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